Cuenta atrás para rubricar el TTIP

UE y EE UU aceleran para cerrar el pacto comercial antes de 2017

Bruselas / Madrid
Manifestación contra el Tratado de Libre Comercio la pasada semana en Hanover
Manifestación contra el Tratado de Libre Comercio la pasada semana en Hanover

La decimotercera ronda de negociación en Washington ha aprovechado el rebufo de la visita del presidente de EE UU a Hanóver (Alemania), donde la semana pasada Barack Obama se reunió con la canciller alemana, el presidente francés y los primeros ministros de Reino Unido e Italia, para dar un último impulso al acuerdo comercial más ambicioso de la historia.

En la ciudad alemana también se reunieron la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, y su homólogo estadounidense, Michael Froman, para preparar la cita de Washington, que el viernes se saldó con un nuevo avance en las negociaciones, iniciadas en 2013 y de las que se espera un acuerdo que, según Bruselas, generará unos beneficios de 100.000 millones de euros para la UE y otro tanto para EE UU.

Hanóver también simbolizó, sin embargo, la creciente protesta contra un acuerdo que, según sus detractores, supone una gravísima amenaza para los estándares laborales, sociales y medioambientales que rigen en Europa. Miles de personas salieron a las calles, en una demostración de fuerza que cada vez inquieta más a la canciller Angela Merkel, hasta ahora firme partidaria de cerrar el acuerdo con EE UU durante el mandato de Obama.

Ahora o nunca

“Si no concluimos las negociaciones este año, la transición política que se espera en EE UU y en Europa hará que el acuerdo no se cierre hasta dentro de mucho tiempo”, advirtió Obama en Hanóver. En Bruselas y en Washington cunde la sensación de que es ahora o nunca, ante la incertidumbre política que se cierne sobre ambos lados del Atlántico.

Los potenciales sucesores de Obama, Donald Trump y Hillary Clinton rechazan en mayor o menor medida el acuerdo. Y en Europa, tanto Angela Merkel, como el presidente francés, François Hollande, afrontarán unas elecciones generales con una popularidad que, en estos momentos, se encuentra bajo mínimos.

Obama, Merkel, Hollande, el premier británico, David Cameron, y el italiano Matteo Renzi se comprometieron en Hanóver a intentar que a finales de este año se cierre el acuerdo, aunque su ratificación y entrada en vigor se aplace para más adelante.

30 capítulos

Los negociadores, encabezados en el lado europeo por el español Ignacio García Bercero, ya han empezado a dar forma al acuerdo, que tendrá entre 25 y 30 capítulos. El proyecto ha entrado en lo que se conoce en jerga diplomática como middle game, una fase en la que se cierra un principio de acuerdo sobre aquellas áreas en las que las propuestas de ambas partes logran fusionarse. Hasta ahora, según la Comisión Europea, ya hay propuestas consolidadas en 17 capítulos.

Los capítulos más avanzados se refieren a competencia, facilidades aduaneras, pymes y resolución de conflictos entre Estados. Los más atrasados son los de anticorrupción, marco legal e institucional, energía y materias primas, subsidios y sector textil.

La gran polémica

El capítulo sobre la protección de los inversores se ha convertido en el más polémico y en el caballo de batalla de los enemigos del TTIP, que acusan a la UE y a EE UU de colocar los intereses de las multinacionales por encima de la soberanía de los Estados. La negociación sobre este capítulo estuvo interrumpida más de un año, pero se ha reanudado en febrero, después de que la Comisión Europea revisase su posición a favor de los arbitrajes privados y ad hoc (que las voces críticas consideran favorables a las empresas) y propusiese la creación de un tribunal profesionalizado y con garantías de neutralidad. Estados Unidos todavía no ha aceptado esa propuesta.

Aranceles

Tanto EE UU como la UE mejoraron la semana pasada sus ofertas de desarme arancelario. Se trata de un capítulo relativamente menor, porque las mayores barreras comerciales transatlánticas no son arancelarias, sino regulatorias. Pero las dos partes conceden a esta área una creciente importancia, ya que es uno de los logros del acuerdo que podría percibirse más rápidamente a nivel de familias y empresas, con un abaratamiento de las importaciones y mayores facilidades de importación. Bruselas calcula que las compañías europeas abonan más de 3.500 millones de euros al año en aranceles por colocar sus productos en el mercado estadounidense.

Ratificación

La puesta en marcha del TTIP no está garantizada ni siquiera si la Unión Europea y Estados Unidos logran su objetivo de cerrar las negociaciones antes de que concluya este año. Una vez firmado, el texto debe ser ratificado por ambas partes, un proceso que puede descarrilar o encallar con facilidad, bien en el Congreso estadounidense o en alguno de los Parlamentos nacionales de la UE.

Y no se puede descartar que algún país lo someta a referéndum, como ha ocurrido en Holanda con el acuerdo con Ucrania (que fue rechazado). A este lado del Atlántico, el texto también necesitará la luz verde del Parlamento Europeo, una cámara donde parece haber mayoría a favor, pero que podría cambiar de parecer si el rechazo de la opinión pública continúa yendo a más.