Tribuna

La reputación de Panamá

En los últimos días estamos presenciando una crisis de envergadura global motivada por la filtración de los documentos de un bufete de abogados que vinculan a conocidas personalidades de todo el mundo con la creación de sociedades interpuestas en Panamá. Nos encontramos ante una muy relevante crisis de reputación de un país, Panamá, que sin ser en la mayoría de los casos el destino final de los capitales que se pretendía ocultar, ha visto cómo la ética y transparencia de sus instituciones han quedado en entredicho ante la opinión pública mundial.
A continuación quisiera ofrecer algunos detalles sobre mi análisis de la percepción de Panamá en el mundo a partir de los datos recogidos en nuestro estudio Country RepTrak, que desde 2011 evalúa la reputación de más de 50 naciones, entre ellas Panamá.
En términos generales, la reputación de Panamá puede considerarse como media/moderada. En el G8 alcanza una valoración de 53,2 puntos Pulse (de un máximo de 100), 3,1 puntos por debajo de la media obtenida por los 56 países analizados. En el contexto de los 20 países latinoamericanos evaluados en el G8, Panamá ocupa la octava posición, siendo Costa Rica el mejor valorado.
La reputación de Panamá entre los ciudadanos de otros países de Latinoamérica es ligeramente superior (53,6 puntos Pulse) a la obtenida en el G8. También mejora su posición, hasta el quinto lugar, por detrás de Uruguay, Brasil, Puerto Rico y Costa Rica. La evolución de estos indicadores de la percepción de Panamá ha mantenido una tendencia positiva desde 2012 en el ámbito del G8 y estable en Latinoamérica. Entrando en el detalle de los atributos asociados al país, es interesante reseñar que Panamá rompe el estereotipo asociado a otras naciones latinoamericanas y presenta un perfil de imagen propio, con fortalezas bien diferenciadas. Si lo comparamos con la media latinoamericana, Panamá destaca por su valoración positiva en variables de gran importancia, como es su percepción como un país seguro, con menos corrupción y más transparencia, con un entorno económico favorable para el desarrollo de empresas, con un mejor entorno político, un Gobierno que usa los recursos de manera más eficiente y con un mayor nivel de bienestar social de sus ciudadanos.
La realidad de un país que se ha erigido en un hub no solo de comunicación regional, sino también de negocios, tiene mucho que ver con estas percepciones. La legislación económica y fiscal que ha buscado favorecer el establecimiento de sedes regionales de empresas internacionales ha ayudado a construir ese hub, aunque pueda parecer que ahora se puede volver en su contra.
Por el contrario, Panamá es valorado negativamente (por debajo de la media regional) en atributos como su aportación a la cultura, sistema educativo, posibilidades de ocio y entretenimiento, simpatía de su gente e, incluso, entorno natural (esto último refleja un claro desajuste entre la realidad y la percepción del país). Estos elementos permiten explicar el menor éxito alcanzado por Panamá en su consideración como destino turístico en relación a otros países vecinos.
¿Cómo puede afectar la crisis de los papeles de Panamá a estas percepciones? Es muy probable que la interpretación que algunos medios han hecho sobre la falta de transparencia en el país haga mella en variables como su ética o la calidad de sus instituciones, que figuraban entre las fortalezas de Panamá. Esto sería un grave retroceso, si tenemos en cuenta que el presidente Varela ha llegado al poder enarbolando la bandera de la ética y la regeneración democrática tras los casos de corrupción en que se vio envuelto el Gobierno anterior.
Panamá ha luchado por construir su credibilidad internacional aumentando su presencia en eventos tan señalados como la Cumbre de las Américas, que tuvo lugar el año pasado en la Ciudad de Panamá, además de promover su centro financiero y usar su diplomacia pública para salir de las listas grises en que se le catalogaba todavía como paraíso fiscal. Sin duda esta crisis va a representar un importante paso atrás en todos esos esfuerzos.
¿Qué podría hacer ahora el Gobierno? La respuesta no es sencilla, pero en primer lugar ha de entender cuáles son las expectativas de los stakeholders internacionales, como las autoridades fiscales de otros países, los inversores o las empresas que podrían establecerse en su territorio. Probablemente tendrá que tomar algunas medidas legales que aumenten la transparencia al tiempo que busque un mensaje de comunicación potente que explique la buena realidad del país, defienda su manera de hacer las cosas y disipe las dudas sobre su condición de socio confiable en el ámbito internacional.
No va a ser un camino fácil, pues tendrá que reconciliar la exigencia de transparencia con la política de incentivos fiscales que tanto éxito está teniendo para conseguir el establecimiento en suelo panameño de sedes regionales de compañías e instituciones internacionales.

Fernando Prado es Director General de Reputation Institute Latinoamérica e Iberia