Tribuna

Tipo de cambio: ¿enemigo o aliado?

Las compañías que comercian internacionalmente están expuestas a los efectos cambiarios. Se trata de un factor oculto, que muchas veces no se tiene en cuenta por las empresas, pero cuyo impacto puede ser muy importante en su cuenta de resultados, pudiendo maximizar los beneficios o todo lo contrario, generando pérdidas sensibles.
Las grandes empresas, tradicionalmente, han intentado protegerse de este riesgo mediante los servicios bancarios; sin embargo, las pequeñas y medianas, debido a su tamaño, no han recibido nunca una atención de primer nivel por parte de éstas instituciones en un ámbito tan crítico como éste.
Que una empresa se vea afectada positiva o negativamente por los efectos del tipo de cambio depende de la cotización de la moneda en los correspondientes mercados, y tendrá una mayor incidencia en su cuenta de resultados en función de su tamaño, exposición a los mercados exteriores y mayor o menor presencia de instalaciones de producción en el extranjero.
Si repasamos las cuentas de algunas de las empresas más señeras del universo durante 2015, veremos que prácticamente ninguna fue inmune a este factor oculto que puede multiplicar o restar las ganancias. Apple, sin ir más lejos, que registró el pasado ejercicio unos ingresos de casi 76.000 millones de dólares, vio limitado su volumen de ventas como consecuencia de la devaluación del real brasileño y del rublo ruso. Y lo mismo ocurrió con Alphabet (el holding de Google). Su facturación fue de 74.500 millones, pero dejó escapar cerca de 1.000 millones, casi el equivalente al 1% de las ventas totales, por el efecto divisa.
No hace falta irse muy lejos para comprobar las consecuencias del tipo de cambio en las cuentas de resultados. En España, algunas de las empresas más representativas del IBEX también los padecieron en sus cuentas del 2015. Fue el caso, por ejemplo, de BBVA. Sus beneficios brutos se situaron el año pasado en 23.680 millones de euros, lo que supuso un 10,9% más que el año anterior. Pero sin el efecto de tipo de cambio, habrían sido del 15,7%. Estamos hablando de un retroceso del 4,8% en sus ganancias. Caso parecido fue el de Telefónica, que en el último trimestre de 2015 vio lastrados sus resultados por la depreciación de las divisas latinoamericanas, especialmente del real brasileño, el bolívar venezolano, el peso colombiano y el peso argentino. La variación de los tipos de cambio restó 9,1 puntos porcentuales a sus ingresos.
En el extremo contrario, también hubo empresas que se beneficiaron de este fenómeno. ACS vio fortalecidos sus beneficios en 2015 en un 24,5% gracias al efecto divisa. Ferrovial generó un 11,5% más de ventas debido, principalmente, a la evolución de la libra. Y el laboratorio catalán Grifols, por citar un caso de otro sector, en este caso el farmacéutico, experimentó un aumento del 17% en sus resultados por la fortaleza del dólar.
En consecuencia, todos los sectores se ven afectados por los efectos monetarios. Las empresas más grandes son, probablemente, las que mejor pueden compensar este impacto por la cobertura natural o efecto compensatorio que les proporciona el hecho de estar presentes en varios mercados y con proveedores por todo el mundo. Sin embargo, para las pequeñas y medianas empresas, que representan más del 99% del tejido empresarial en España, y que en los últimos años han incrementado su presencia en los mercados exteriores, el riesgo que acumulan es notable si, como suele suceder, el salto al exterior se produce en un principio en un solo país o en un conjunto reducido de ellos.
Además, factores como la decisión de la Reserva Federal de empezar definitivamente su ciclo de ajuste monetario subiendo su tipo de interés de referencia por primera vez en más de nueve años, la fuerte caída de los precios de los productos básicos o las preocupaciones en torno a una desaceleración económica en China, pesarán durante los próximos meses en la cotización de las divisas en los mercados mundiales. A esto habrá que sumar las posibles intervenciones de los Bancos Centrales para intentar introducir dinamismo económico a sus propias economías.
Desgraciadamente, no existen fórmulas mágicas que eviten a las empresas enfrentarse a este tipo de riesgos, pero como siempre, una buena metodología es mejor que dejarse guiar por los instintos y sobrerreaccionar ante coyunturas complicadas en los mercados.
Nos referimos a realizar una planificación estratégica de las operaciones que reporte previsibilidad financiera. Y esa certidumbre se puede lograr con herramientas transparentes, sencillas y asequibles que garanticen un precio cierto de convertibilidad de la moneda a lo largo de un determinado periodo y cubran el margen previsto. Al final, el secreto del éxito de una empresa en el exterior no está en sacar partido de los mercados financieros, sino en blindarse ante ellos en la medida de lo posible, y poner toda la energía en la actividad empresarial. Esto es: fabricar o diseñar nuevos productos o servicios que satisfagan a los clientes.

Duarte Líbano Monteiro es Director general de Ebury España y Portugal