Editorial

La confianza de los inversores en España

La inversión extranjera no ha perdido la confianza en España, a pesar de la situación de bloqueo político. No, por ahora. En los dos últimos años la economía española ha salido de la recesión con tasas de crecimiento vigorosas, y se han detectado mejoras en el empleo, el consumo y la confianza de consumidores y empresas. Pero ¿puede ocurrir que la parálisis en la formación de Gobierno ponga en peligro esta senda antes de que llegue a consolidarse? La pregunta flota en el ambiente económico. Ayer se celebró la primera de las dos jornadas del Spain Investors Day, el evento en que se pone en contacto a grandes inversores y compañías españolas, y en el que las autoridades políticas tratan de transmitir el atractivo de España como destino para el capital. El ministro de Economía, Luis de Guindos, no se salió de este mensaje, al destacar la tendencia positiva de la economía española, pero también estuvo franco cuando habló de las incertidumbres que afectan a Europa:un crecimiento económico “mediocre”, falta de productividad, elevada deuda. Reclamó más reformas estructurales en Europa, por ejemplo para la banca y el mercado de trabajo, y advirtió que el mayor peligro en ese camino es el que suponen los populismos de muy distinto signo –antieuropeos, de izquierda alternativa o de derecha xenófoba– que se muestran en pleno auge.

Los cuatro principales partidos políticos españoles tuvieron ocasión de explicarse ante los inversores internacionales. Todos dijeron, porque es algo que preocupa en el exterior, que están comprometidos con la reducción del déficit. Aunque los discursos, por supuesto, divergieron en algo más que los detalles. Podemos, la fuerza política que inspira más desconfianza en el mundo financiero, sostuvo su apuesta por un aumento del gasto público y de los ingresos vía impuestos, lo que según su visión también es un camino válido para contener el déficit. Cálculos en todo caso poco creíbles, frente a los mensajes más comprometidos con la estabilidad presupuestaria de PP, Ciudadanos y PSOE, aunque este último partido puso el énfasis en que la consolidación fiscal debe salvaguardar el Estado de bienestar.

El tópico dice de Italia que la economía puede funcionar al margen del Gobierno. Ironizó Felipe González con que España está como Italia, pero con “el grave problema” de no tener italianos. Es cierto que lo que interesa prioritariamente a los inversores es el destino concreto de su dinero, es decir, la salud de las empresas. Y en ese sentido España ofrece oportunidades de negocio claras en un entorno de tendencia alcista. Con empresas, además, cuya envergadura es global, lo que reduce el riesgo asociado a la situación del país. Ahora bien, la perspectiva de un año perdido políticamente puede pasar factura en algún momento. Sobre todo, si ni siquiera una repetición electoral da lugar a un mapa demasiado distinto al actual.