Editorial

El impacto del freno a las ‘tax inversion’

Las medidas impulsadas por EE UU para poner freno a las “inversiones fiscales” dan fruto. Otra cosa es cuál. El último y más destacado, la renuncia por Pfizer a comprar la irlandesa Allergan, la gigante del botox, en una fusión inversa que iba a ser la mayor operación de la historia del sector farmacéutico, valorada en 132.000 millones de euros. Las tax inversion consisten en la compra de empresas con sede en Estados de fiscalidad reducida para trasladar allí el domicilio fiscal y pagar menos impuestos. Y el tesoro de EE UU las impide si se ha participado en una de ellas en los tres años anteriores, como es el caso de Allergan, lo que complicaba más el acuerdo con Pfizer. Esta limitación, que lo es también de la competencia fiscal en un mundo globalizado, se debe leer también en el contexto del gran debate sobre cuánto, cómo y, sobre todo, dónde deben tributar las multinacionales, que en ocasiones aplican fórmulas para derivar beneficios y así pagar menos impuestos. También presenta paradojas: es intervencionista en el reino de la libre empresa y ha puesto de acuerdo a demócratas y republicanos por la potencial pérdida de recaudación fiscal; o que una estadounidense, Baxalta, acabe en manos de una irlandesa, Shire, por no dejarle a AbbeVie comprar esta última. El sector farmacéutico, en plena consolidación, será uno de los más afectados por la norma, pero no el único.