Editorial

Balance fiscal de un Gobierno

El Gobierno saliente, que continúa en funciones por no sabemos cuánto tiempo, ganó las elecciones hace cuatro años con el discurso del rigor presupuestario y de la rebaja de impuestos. Sobre el primer asunto, aunque es cierto que se enderezó la situación de emergencia que había al cierre de 2011, ya sabemos que en el último año han vuelto a incumplirse los objetivos por amplio margen, con un déficit del 5,2%, casi un punto por encima de lo previsto. Y, sobre lo segundo, es notorio que las primeras medidas adoptadas fueron un alza importante de los impuestos directos e indirectos que solo parcialmente se ha compensado con las dos rebajas del IRPF adoptadas en los dos últimos ejercicios de cara a la cita electoral. Así que el saldo de los cuatro años, según las cuentas que publica hoy este periódico, es de una mayor carga fiscal para las familias:el tipo medio sobre la renta ha pasado del 11,9% en 2011 al 12,1% en 2015, a pesar de que el Ministerio de Hacienda asegure que deja en 2016 los tipos impositivos por debajo de los vigentes al final del mandato de Zapatero. El balance del IVA es más contundente: el tipo medio ascendió al 15,5% el pasado año, cifra récord. Aquí no ha habido corrección alguna de las medidas de choque adoptadas en 2012, y ni siquiera se ha revisado, pese a las presiones, el muy contestado 21% que graba los espectáculos culturales. Solo en Sociedades se ha notado cierto desahogo para las empresas en la legislatura.
El terreno fiscal es propicio para la demagogia: son deseables las rebajas de impuestos, pero no siempre prudentes ni posibles. Es evidente que el Gobierno del PP recién llegado al poder no podía hacer otra cosa que subirlos;lo incorrecto es que antes hubiera prometido bajarlos cuando ya se sabía que la situación de ninguna manera iba a permitirlo. El repunte del déficit conocido la semana pasada permite dudar de si fue conveniente la última rebaja del IRPF, cuya motivación era más política que económica. En cualquier caso, bueno será que según avance la consolidación fiscal, tarea clave para el Ejecutivo de cualquier color que debe formarse este año, sean posibles en el futuro nuevas rebajas; a corto plazo no lo parecen, salvo que se plantearan recortes muy drásticos del gasto público que no parecen previsibles (ni asumibles políticamente). Cuestión muy distinta, y que sí merece estudiarse en profundidad, es la necesidad de un cambio de la estructura impositiva que haga más eficaz, transparente y sencilla una fiscalidad que hoy es muy compleja y a menudo injusta. Esa es otra tarea para el nuevo Ejecutivo que salga de esta legislatura o de la siguiente.