Locomotoras históricas llevan a destinos como Calatayud, Alcázar de San Juan y Alhama de Aragón

Viajar a bordo del tren de los ochenta

Trayectos cargados de nostalgia a lo ancho y largo del territorio nacional.

Reyes Magos
El tren de los Reyes Magos. AAFM

Sábado por la mañana. Niños y mayores, familias y grupos de amigos de distintas generaciones esperan con caras de ilusión –y algunos, también con nostalgia– en el andén de la estación madrileña de Chamartín. Al fondo, el revisor del tren, ataviado con el uniforme típico de los ochenta, informa a unos viajeros sobre la hora de salida.

Así comienzan los viajes organizados por la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Madrid (AAFM). Lo que empezó en 1946 como un pequeño grupo de aficionados y trabajadores que se reunían en locales sociales con el fin de montar las maquetas, que por sus grandes dimensiones les era imposible alojar en sus casas, hoy se ha convertido, con 400 miembros, en una de las asociaciones más numerosas y con mayor historia de Madrid. En 1995 dio el salto de los trenes en escala a los reales y hoy posee una de las colecciones de locomotoras ochenteras más importantes del país.

No es raro ver los trenes de este grupo de aficionados en películas y series. Los socios prestan los diferentes coches y locomotoras para rodajes. Muestra de ello es el último filme de Pedro Almodóvar, Julieta, en el que el personaje interpretado por Adriana Ugarte viaja en un coche de primera clase cedido por la AAFM.

En el plano turístico, dos son las máquinas que realizan los trayectos organizados por la asociación. La locomotora 269-604, precursora del AVE, ostentó en su momento el récord de velocidad al alcanzar los 241 km/h. Fabricada en 1978, es conocida como la Gata o Gato Montés. Ahora es la encargada de arrastrar al resto de coches, que han sido conservados y restaurados junto con todo su equipamiento: camas, salones, cafetería y literas.

La locomotora precursora del AVE ostentaba en su tiempo el récord de velocidad:241 km/h

El otro tren utilizado es un ejemplar de la serie 440, un vehículo que supuso una revolución para lo que hoy se conoce como Cercanías. En él se realizaban antaño los trayectos entre las incipientes ciudades dormitorio y los lugares de trabajo y, por ello, muchos viajeros de hoy las recuerdan con gran cariño.

Aunque a lo largo del año se realizan distintos viajes, siempre coincidiendo con algún evento cultural o gastronómico, nunca fallan tres citas. En enero, el año comienza con el tren de la nieve, un hermoso recorrido a bordo de la Gata que parte de la estación de Chamartín hacia Cercedilla, donde los viajeros que lo deseen pueden coger el Eléctrico de Guadarrama para subir al puerto de Navacerrada y Cotos, con el fin de disfrutar de la diversión blanca para después continuar hasta Segovia.

A mediados de noviembre es el turno de Alcázar de San Juan. También en sábado se parte hacia esta localidad de Castilla-La Mancha. El motivo del viaje no es otro que el concurso gastronómico de gachas ferroviarias que se realiza anualmente en una explanada junto a la estación. Allí, las distintas asociaciones de amigos del tren se dan cita anualmente acompañados de familiares y aficionados para, alrededor del fuego, disfrutar de este plato de pastores manchegos.

Después, con la tripa llena, se puede visitar el museo ferroviario de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Alcázar de San Juan, para luego regresar en el mítico tren a la capital.

Automotor 440
El revisor y el jefe del automotor 440, uniformados al estilo de los ochenta. AAFM

La tercera cita llega con la Navidad. Año tras año, los niños acompañan a los Reyes Magos mientras dan una vuelta alrededor de Madrid. Mientras el tren cruza El Pardo y pasa por encima del Manzanares, los más pequeños entregan con ilusión sus cartas a la espera de recibir sus regalos en la noche más mágica del año.

Otros destinos se van dando lugar a lo largo de los meses. Este fin de semana toca Calatayud y sus jornadas gastronómicas Saborea Calatayud, que se celebran desde hoy y hasta el próximo día 10 en la ciudad zaragozana. Vinos, tapas y mucho ambiente del que el viajero podrá ser partícipe.

Y hay más rutas planificadas para este año. Por ejemplo, Alhama de Aragón, lugar en el que será posible relajarse en alguno de sus balnearios. Las propiedades de sus aguas ya eran conocidas por árabes y romanos. Son y han sido el auténtico motor económico de esta población a lo largo de los siglos, especialmente del XIX y XX.

Pero la asociación no solo acude por este motivo a Alhama. Además, organiza una visita al Monasterio de Piedra, paraje natural y monumento cisterciense que data de 1200 y tiene máximo interés patrimonial.

Otra parada será Medina del Campo y su castillo de la Mota. También se recorrerá una de las líneas más escarpadas de España, a su paso por el puerto de La Cañada, para acabar en Valladolid y poder visitar el museo que allí custodian los aficionados locales.

Y, por último, Valdepeñas, donde se podrá visitar una de las mayores bodegas de vino en tinajas del mundo y realizar la correspondiente cata o continuar el viaje por el conocido desfiladero de Despeñaperros, un impresionante tramo en vía única entre barrancos y llamativas formaciones montañosas.