Tribuna

Relevo en el gigante

La marcha, marcha tranquila, de César Alierta como máximo responsable de Telefónica suscitó inmediatamente titulares y aperturas ayer de telediarios. Dieciséis años de trayectoria de un hombre que nunca se estuvo quieto. Como tampoco lo ha estado en este tiempo la empresa. Una gigante que ha cambiado, que ha evolucionado, que ha crecido y se ha consolidado con una acertada internacionalización y con un modelo de negocio a la vanguardia. Desconocedor en sus primeros momentos de lo que era el mundo tecnológico ha demostrado con capacidad, tesón y equipo que se puede llegar a donde se quiera proponer uno. Con mayor o menor éxito. Y no ha sido pequeño el que tuvo al frente de esta gigante que un día, antes de terminar la privatización que en el primer gobierno popular se decidió y a él le tocó terminar, fue de todos. Su presidencia y designación, viniendo de Tabacalera, trataba de apaciguar las aguas tras la convulsa presidencia de su antecesor, Villalonga. Y en un momento donde las sombras y los sismos empezaban a manifestarse, agotado el modelo solo en España pese a espectaculares beneficios. O salir, o cambiar, creciendo, o ser absorbido.
En un mundo cada vez más interconectado como también digitalizado, los contenidos son la médula axial de la comunicación. Competir con gigantes tecnológicos de la talla de Google, Apple, incluso a pesar de sus horas bajas, de Twitter, exige liderazgo, firmeza, convicción, pero sobre todo, posicionamiento. Algo que el olfato y sentido del lugar y del momento de Alierta ha sido clave. Con errores y aciertos. Fracasos y grandes éxitos. Expansión, consolidación, alianzas, y entrada en nichos de mercado clave han sido premisas y posturas que llevó a cabo desde el primer momento. De operador o gestor de contenidos. Ampliando la oferta, fidelizando la cartera y los clientes. Generando más valor para la empresa. Una empresa con más de ciento veinticinco mil empleados y con una presencia activa y permanente en una veintena de países.
Saneó a Telefónica en los primeros años. Una empresa que en 1999 había tenido unas ganancias de casi 1800 millones de euros. Pero era un espejismo debido a la salida a Bolsa de TPI, de Terra o de la venta de activos no estratégicos, entre ellos también Grupo Recoletos y la implosión meses después de la burbuja tecnológica. La filial de telefonía fija estaba a la deriva. Dejó la zozobra y la convulsión por la firmeza y seguridad en las decisiones y su implementación. Su formación financiera, sólida y eficaz, y su experiencia en pilotar no pocos oleajes en Tabacalera con anterioridad, fueron el trampolín necesario pero también radical para liderar y afianzar ese liderazgo en la tecnológica, arropado en un selecto equipo de asesores y supervisores de máxima confianza y solvencia profesional. Clave sin duda de todo éxito, donde la aventura y la casualidad no existen.
Se movió como pez en el agua, pero un agua que no era la suya. Salidas al exterior. Mercados no siempre fáciles. Creación de filiales. Generación de alianzas en el extranjero. Compras y ventas de otra empresas y grupos. Opas. Salidas a bolsa de filiales jalonan esta quincena de años. Con un guiño integral al mercado interno, al consumo. Telefónica, Movistar ha sido revulsiva en generar paquetes de servicios completos para el hogar de los españoles, para las empresas. Moverse. No parar. No estarse quieto. Olfato en estado puro más allá de la química, pero sí en la de los negocios.
Alierta es y ha sido el arquitecto que ha transformado la estructura y fisonomía de Telefónica. La tercera empresa española en tamaño por capitalización bursátil. Hoy es una de las grandes operadoras de telecomunicaciones a nivel mundial. Fuerte para no ser absorbida por otras, pequeña para absorber a las gigantes norteamericanas. Su facturación y su cartera de clientes a lo largo de estos años se han multiplicado. Su actividad en países de América Latina, sobre todo en Brasil, pero también en Alemania, le han generado unos resultados extraordinarios en un ámbito y sector donde la competencia es rocosa. De tener presencia a liderar. De ser uno más en servicios y oferta a revolucionar los mismos, a anticiparse y abrir camino. La amortización de las viejas licencias UMTS, y la apuesta total por la telefonía digital así lo han atestiguado. De una incipiente telefonía móvil a finales de los noventa a motor mismo del grupo. Innovación, competitividad, internacionalización y firme decisión en el modelo de negocio con la elasticidad suficiente para anticiparse y adelantarse al mercando han avalado una trayectoria personal y profesional que cambió la de la propia compañía.
¿Se marcha César Alierta en el mejor momento? ¿Estamos ante los prolegómenos de una nueva Telefónica o nuevos giros? Es posible. En ambos interrogantes. Alierta se marcha en un momento vital que aconsejaba esta marcha.

Abel Veiga es profesor de Derecho Mercantil en Icade