Editorial

Una vacuna contra la sequía de rentabilidad

Si el reparto de beneficios en forma de dividendo es siempre la sal de la Bolsa, es en épocas como la actual, de horas bajas en las rentabilidades de los depósitos, cuando la retribución destinada por las sociedades a sus accionistas brilla como el oro. En estos momentos, el pay out es el rey. Su reparto representa la alternativa más querida por aquellos inversores, destacadamente los particulares, que no solo quieren obtener fruto de sus ahorros sino asegurarse además un ingreso periódico a modo de renta fija. Y es en este escenario de tipos en mínimos, que además y según la previsión anunciada por Mario Draghi lejos de ser algo coyuntural va camino de durar mucho tiempo, cuando las compañías generosas en el reparto se convierten en una buena opción inversora. Grandes empresas con beneficios estables y dividendos crecientes suelen ser la recomendación más repetida por las firmas de análisis para invertir, bien sea directamente o por medio de fondos de inversión con el dividendo como referencia.


Los ahorradores que no desean asumir riesgos en renta variable y los que llegan procedentes de la renta fija en busca de rentabilidad, pero con la mentalidad conservadora que los mantenía en aquel campo, ahora agostado, pueden encontrar acomodo en el dividendo, sea el clásico a cuenta y complementario, o cualquier otra modalidad en plazo o forma. Pero, para disfrutar de la tranquilidad que busca el inversor/accionista conservador, en el terreno del dividendo también hay que caminar con cuidado. A la hora de seleccionar se trata de recordar algo obvio, pero a veces olvidado: no todas las promesas se cumplen. O dicho de otro modo, las que hoy ofrecen altas rentabilidades por dividendo no lo pueden asegurar siempre para el futuro. La clave, pues, está en una elección acertada de los valores. Sin ir más lejos, las materias primas, que no hace demasiado eran apuesta ganadora, se han convertido en zona a evitar según los expertos, dado que la caída de precios impacta en las remuneraciones.

La clave, como casi siempre a la hora de encontrarle destino productivo al dinero, está en saber elegir, y a ello van a ayudar los fundamentales y una inteligente diversificación, tanto geográfica como de actividad, para evitar sustos. Los casi 28.000 millones de euros repartidos en 2015 en forma de dividendo por las cotizadas españolas son un argumento lo suficientemente sólido para el inversor. Si se descuentan los pagos extra realizados por Endesa en 2014 –casi 15.000 millones–, la retribución total al accionista no varió respecto al año anterior, algo que en el actual marco de rentabilidades ya es un premio. En ese sentido, cobra más valor la previsión para el presente año, en el que los especialistas calculan una línea de atractiva continuidad basada en que más empresas han retomado el abono, mientras otras tienen reciente el anuncio del aumento del pago en los próximos ejercicios. Esa senda al alza, sustentada en la mejora de la economía y el consiguiente aumento de los beneficios empresariales, es la mejor vacuna contra los tipos cero.
La política tributaria, sin embargo, jugará en contra este año. El IRPF correspondiente a 2015 excluye la exención para los primeros 1.500 euros cobrados en dividendos, y el contribuyente deberá tributar por todo lo percibido en una escala del 19,5% al 23,5%, según la cantidad. Esto hace más atractiva la opción de cobrar en acciones en los casos de scrip dividend, y no en efectivo, con lo que se pospone el impacto fiscal hasta la venta de las acciones.

La fidelidad para con el accionista demostrada por muchas empresas que incluso en plena crisis hicieron lo posible por mantener el pago, incluyendo fórmulas como el citado scrip, tiene su contrapartida en la fidelidad recíproca del propio accionista. El saneamiento de los balances con que salen de la crisis es una garantía para el inversor, quien ha de contemplar también el nuevo marco que introduce la reforma del Sistema de Registro, Compensación y Liquidación, en vigor desde el mes que viene. Este, en la línea de armonizar y estandarizar procesos en las Bolsas europeas, además de mejorar la supervisión, facilitará la vida al pequeño inversor al obligar a las empresas a anticipar información sobre la política retributiva, lo que permitirá planificar mejor sus inversiones a los minoritarios. Estos, eso sí, no deben dejar de mirar, aunque sea por el rabillo del ojo, las incertidumbres que se otean en el horizonte.