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Columna
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Unas arriesgadas sanciones

Puede que Estados Unidos considere que los grupos tecnológicos son una herramienta más arriesgada de política exterior que los bancos. El país ha utilizado durante mucho tiempo su dominio en las finanzas internacionales para obligar a las entidades extranjeras a hacer cumplir sus sanciones. Las restricciones a la china ZTE son una extensión de ese principio. Pero convertir la tecnología en objetivo tiene más repercusiones domésticas.

Hasta ahora, los bancos extranjeros eran los principales objetivos de alcance extraterritorial de Estados Unidos. Sus autoridades exigieron que los prestamistas extranjeros contribuyeran a hacer cumplir las sanciones contra países hostiles como Irán y Corea del Norte. Al desobedecer, los bancos se enfrentaron a grandes multas. Los gobiernos se quejaron de que Estados Unidos reclutaba empresas extranjeras para librar sus batallas diplomáticas. Sin embargo, los bancos no tenían otra opción: no hay gran institución financiera pueda funcionar de forma creíble sin licencia estadounidense.

Ahora ZTE está aprendiendo cuál es el coste de violar las sanciones. El Departamento de Comercio estadounidense ha impuesto una prohibición de exportación a todos los proveedores nacionales a la empresa china de equipos de telecomunicaciones, lo que altera enormemente su cadena de suministro. El supuesto delito de la empresa fue canalizar la llegada de tecnología hecha en Estados Unidos a Irán, una violación directa de las sanciones.

La compañía china asegura que está en conversaciones con el gobierno estadounidense sobre una solución. Incluso si la encuentra, la última demostración de fuerza de Estados Unidos podría tener consecuencias más amplias. Los proveedores estadounidenses sufrirán si ZTE se ve obligado a cancelar los pedidos. Mientras el dólar estadounidense sea la moneda de reserva mundial, las sanciones financieras tienen pocos costes para Estados Unidos. Pero extender ese enfoque a la tecnología es mucho más arriesgado.

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