Editorial

UGT, hacia un sindicalismo útil

La UGT relevará a su nuevo equipo directivo esta semana y Comisiones Obreras lo hará en un año, en un doble ejercicio de renovación del sindicalismo español, que se ha quedado anclado en los modos de proceder previos a la crisis y que ha contribuido muy parcialmente a las soluciones para paliar sus efectos. La central socialista afrontó el último relevo en la secretaría general hace 22 años, cuando el escándalo de financiación del sindicato puso contra las cuerdas la continuidad de Nicolás Redondo. Desde entonces, su protagonismo social ha sido aceleradamente menguante, con pérdida de afiliación, de presencia en las empresas y de influencia en la configuración de las políticas económicas y sociales. Tocada por los escándalos en la formación profesional, debe afrontar ahora una reconversión integral de su papel en una sociedad de servicios, uso intensivo de la tecnología y generaciones con un concepto muy diferente y cambiante del trabajo. Y tiene que hacerlo relacionándose de otra forma con los asalariados y financiándose con fórmulas alternativas a la cómoda subvención. La sociedad necesita sindicatos para equilibrar las fuerzas de la economía, pero solo serán útiles a los trabajadores si resuelven o atenúan sus problemas en las empresas, y aportan las soluciones que han estado ausentes en los años más duros del ajuste.