¿Puede perder Cameron el referéndum sobre el Brexit?

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El dramatismo llama más la atención, pero la victoria del Sí a a la UE en el referéndum británico del 23 de junio parece fuera de duda, salvo que los británicos se pongan a estudiar en detalle el acuerdo alcanzado en Bruselas el pasado viernes.

Los sondeos, como ha recordado hoy la agencia de calificación Moody's, muestran de manera persistente una mayoría a favor de seguir en el club si se modifican las condiciones de pertenencia del Reino Unido.

El primer ministro, David Cameron, ha presentado esta tarde ante su Parlamento (aquí) esas nuevas condiciones, pactadas en la cumbre europea de la pasada semana. Y la inmensa mayoría de los diputados se han dado por satisfechos.

Cameron cuenta con el apoyo casi intacto de su grupo (330 escaños) y con el respaldo, aunque sea a regañadientes, de toda la oposición, desde los laboristas a los liberales, desde los nacionalistas escoceses o galeses a los verdes.

A la campaña del Sí también se sumarán, previsiblemente, los sindicatos y la inmensa mayoría de la patronal. El sector financiero, motor de la economía británica, defenderá a rajatabla la pertenencia a la UE. Y la presión internacional, desde Washington a Pekín, se redoblará a medida que se acerque el 23-J.

Parece imposible que un Gobierno pueda perder un referéndum en esas condiciones, por mucho entusiasmo que genere el alcalde de Londres (partidario del Brexit) o por muy impopular que sea Bruselas.

Si lo trasladamos a España, sería como si el Gobierno convocara una consulta y tuviera a su favor al Partido Popular (con la excepción de Esperanza Aguirre), al PSOE, a Ciudadanos y Podemos, al PNV y la antigua CIU, a UGT y CCOO y a todo el IBEX 35. Sería muy sorprendente que a todas esas fuerzas unidas se les fuera el resultado de las manos.

En Reino Unido, los partidarios del No ni siquiera tienen un liderazgo claro (Nigel Farage no atraviesa su mejor momento) ni un discurso unido. Algunos, plantean la salida a cualquier precio. Otros, una salida a medias, para mantenerse en el mercado único con un estatus como el de Suiza o Noruega. Y Boris Johnson, alcalde de Londres, sugiere que se vote No para renegociar y lograr mejores condiciones.

Cameron se ha burlado hoy de la propuesta de su rival. "No conozco a ninguna pareja que pida el divorcio para estrechar sus lazos", ha dicho el primer ministro al alcalde. Y las risas y gritos en la Cámara de los Comunes indican que la mayoría, al menos de momento, se inclina a favor de Cameron-in y de Johnson-exit.

En estas condiciones, el primer ministro británico sólo puede perder el referéndum si se produjera una gran abstención, factor que no cabe descartar dada la general indiferencia del público británico ante los temas europeos.

El segundo peligro para Cameron estriba en que esa indiferencia se troque en interés y que los votantes se lean el acuerdo del viernes y descubran que la relación entre Bruselas y Londres seguirá siendo prácticamente la misma antes que después del referéndum, salvo que voten No.

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