Esteban Rivas, director de la firma que lleva su nombre

“El empresario es amante del riesgo, lo llevamos en la sangre”

“Somos una familia bien avenida y nunca hemos querido tener socios”

"Para bien como para mal, las personas son más importantes que los números"

“El empresario es amante del riesgo, lo llevamos en la sangre”

Empezó en el negocio familiar a los 11 años ayudando a ordenar el despacho de su padre. Lo recuerda Esteban Rivas, madrileño, de 58 años, en el cuartel general en Getafe de la empresa de autobuses y de transporte por carretera que lleva su nombre, el de su progenitor y el de su único hijo varón. “Empecé desde muy niño, ordenando papeles, ayudando a escribir cosas; luego comencé a trabajar por las mañanas y a estudiar por las tardes”, explica este empresario, que estudió en ESIC.

Una vez finalizados los cinco años de estudios superiores, se incorporó en firme a la compañía, pasando por todos los departamentos: administración, comercial, talleres, recambios... Hasta que un día se hizo cargo del negocio que montó su padre en los años sesenta, tras comprar un autocar de cuarta mano. “Coincidió con el desarrollo económico de aquellos años, la suerte y el trabajo le sonrieron y cuando yo me incorporé era una empresa pequeña con 50 empleados”, señala Rivas, quien asegura que su gran mérito ha sido hacer la empresa un poco más grande, ahora cuenta con 250 profesionales, y haber diversificado la actividad, hacia otras áreas, como mantenimiento de la flota de vehículos, alquiler de autocares, furgonetas y coches con chófer, espacios de hostelería y servicios inmobiliarios.

De Esteban Rivas es el autocar que transporta a los jugadores del Real Madrid y de la selección española de fútbol en sus desplazamientos. “Y eso que yo soy del Atlético de Madrid, pero no soy antimadridista. El mejor equipo es el Real Madrid, pero a mí me gusta el Atlético”, afirma este empresario, que destaca de su gran maestro, su padre, que era un trabajador, tenaz y muy luchador. “Era muy exigente, como yo lo soy, pero yo no me siento propietario, sino que soy el transmisor del legado a la siguiente generación”. De momento, solo su hija Carolina trabaja en el negocio familiar, al frente del departamento comercial, pero espera que los otros tres, dos mujeres y un varón, sigan el ejemplo. “Espero que haya continuidad; si no la hay, tendremos que vender”.

La empresa sigue en manos de la familia, de Esteban Rivas y de sus dos hermanas. A pesar de las dificultades, sobre todo a raíz de la crisis económica, no han sentido la necesidad de incorporar a socios externos. “Una empresa de transporte requiere de una gran inversión, pero somos una familia bien avenida, que celebramos los consejos con comidas familiares, y nunca hemos querido tener socios, porque más que grandes queremos ser fuertes”, confiesa Rivas. Y recuerda, desde su amplio despacho al que se mudó hace un año y al que define como “la sala de torturas, por la cantidad de problemas que hay que resolver”, que los últimos años han sido complicados, debido a varios factores: en primer lugar, a la subida del precio del carburante, “hecho que no podíamos repercutir en el precio del billete de los viajeros; además, cayó el transporte de congresos, el turístico y el escolar, el de empresa también disminuyó...”.

Entre las medidas que adoptaron para resistir, la principal fue “quitar grasa, adelgazar, para poder hacer frente a la deuda que tenían contraída, que pudimos atender gracias a que teníamos una plantilla comprometida”. Porque si de algo se muestra orgulloso es del equipo. “Todos formamos una gran familia, queremos a gente responsable y a cambio los consideramos personas con mayúsculas”, dice. Y admite que le gusta gestionar la compañía de forma paternalista y patriar_cal, “para bien como para mal, y las personas son más importantes que los números”.

En estos momentos, a este empresario le preocupa la incertidumbre política y so_cial, “que está poniendo en peligro a las empresas; ojalá se despeje ya para acabar de salir de estos años de tristeza y de aburrimiento, que estaba mejorando tímidamente”. La previsión de crecimiento para 2016 en la actividad de transporte de Esteban Rivas está fijada en un 7%, mientras que la división de aparcamiento y de mantenimiento de flotas aumentará un 10%.

La sombra del progenitor

El espacio en el que trabaja Esteban Rivas está a pie de calle, a la entrada de un polígono industrial en Getafe. Es amplio, con dos grandes mesas, una de trabajo y la otra de reuniones. De la decoración asegura que se ha ocupado él, con la ayuda de su hija Carolina.

La estancia está impregnada de un relajante tono gris, con el mobiliario en negro, incluido el sofá de la zona de recibir. Al lado de su mesa, un gran retrato de su padre, y frente a él, un cuadro con los compromisos y valores de la compañía, entre ellos, la responsabilidad para con el medioambiente, que exige que todos los directivos tengan en su despacho. “Los puse yo, inspirado en las líneas que mi padre marcó”. De las paredes cuelgan cuadros de arte, disciplina a la que es aficionado, y sobre distintas estanterías reposan numerosos reconocimientos y premios, como la Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo, que recibió su progenitor. Son objetos a los que tiene aprecio porque siempre le han acompañado y son testigos de su historia.

Esteban Rivas se siente a gusto en su faceta como empresario, actividad que define como “amante del riesgo, es algo que llevamos en la sangre, pero hay que saber medirlo”. Aunque él tiene claro qué tipo de compañía desea dejar a sus hijos: “Una organización fuerte, sin ser grande, porque no se trata solo de facturar, sino de que los resultados sean consistentes”. Y si a algo le ha enseñado la crisis es a que hay que ir despacio, dando buenas puntadas. Sobre la mesa, una fotografía con su esposa, otra de San Cristóbal –el patrón de los conductores– y una pequeña figura del Quijote que rescató del despacho de su padre. “Y es que somos un poco quijotes”, afirma este empresario, que juega al golf, al fútbol y al que le gusta, por encima de todo, trabajar.