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Unas valoraciones poco irracionales

Los bancos están implosionando o están ofreciendo un gran potencial. Son las dos formas de interpretar la caída del 22% en los precios de las acciones de las entidades europeas desde principios de enero. Pero al jugar con los parámetros de valoración bancaria surge una tercera posibilidad –que los mercados estén siendo desagradables, pero no irracionales–.

Para los inversores, un banco debe, al menos, recuperar su coste del capital, el cual es de alrededor del 10%. De media, los bancos europeos lograrán una rentabilidad sobre fondos propios del 7% en 2016, según las previsiones de Citi, generando una destrucción de valor del 3%. Si la situación se extiendo durante cinco años y se descuenta de nuevo el coste del capital, más de una décima parte del valor en libros del sector se habría esfumado.

Algunos bancos están recibiendo un tratamiento más duro. Deutsche Bank, cuyas acciones han caído más de un 30% desde Año Nuevo, cotiza actualmente en 0,35 veces su valor contable previsto para 2016. Sin embargo, incluso si Deutsche generara una rentabilidad sobre fondos propios de solo el 3,5% durante cinco años antes de alcanzar de nuevo finalmente a su coste del capital, tendrá el doble de esa valoración. En su lugar, el precio actual de Deutsche sugiere que no podrá ser superior a un 5% de rentabilidad sobre el capital. Eso es un poco duro –aunque Deutsche y muchos rivales de la Unión Europea han tenido dificultades para superar su coste de capital desde 2008, decir que sus inversores están condenados a pérdidas para toda la eternidad es otra cosa–.

Aun así, puede la visión negativa puede estar justificada. El cambio principal en los últimos meses es que los bancos centrales han dejado claro que los tipos de interés permanecerán bajos durante más tiempo, lo que afecta a los modelos de negocio de la entidad. Los bancos de inversión como Deutsche han apostado a que la desaceleración de la renta fija es cíclica. Si tienen razón, las acciones bancarias parecen baratas. Pero no se puede culpar a los inversores por ser escépticos.