Andrew Bailey

Un banquero valiente

Andrew Bailey, nuevo consejero de la Financial Conduct Authority.
Andrew Bailey, nuevo consejero de la Financial Conduct Authority.

Si hay una persona respetada, experimentada y cualificada para liderar la Financial Conduct Authority (FCA) de Reino Unido, o Autoridad de Conducta Financiera, equivalente a la CNMV española, ese es Andrew Bailey. El nuevo consejero delegado de este organismo comenzó su carrera en el Banco de Inglaterra con 31 años, donde ha desarrollado diferentes funciones. Asumió primero el cargo de secretario privado del gobernador y, posteriormente, fue nombrado jefe de la división de análisis económico internacional en el ámbito monetario. A partir del año 2004 y hasta abril de 2011, desempeñó el cargo de director ejecutivo e inspector jefe del banco. Dentro de este periodo, y sobre todo a partir del estallido de la crisis financiera, en 2008, Bailey se responsabilizó de las operaciones especiales y de solventar cualquier problema dentro del sector bancario.

A partir de entonces su carrera no ha dejado de avanzar. En 2009 fue nombrado presidente y director ejecutivo de Dunfermline Building Society Bridge Bank, un organismo dependiente del Banco de Inglaterra. Desde abril de 2013 y hasta el momento, hemos visto a Bailey como subgobernador de la regulación prudencial en el banco, supervisando entidades financieras, bancos de inversión y compañías de seguros. Han sido esos años de trabajo los que han conquistado a George Osborne, Ministro de Hacienda británico, que acaba de nombrarle, hace pocos días, nuevo consejero delegado en la FCA.

Andrew Bailey (1959), pasó su infancia en Leicester, su ciudad natal, donde realizó estudios en el colegio Wyggeston. A pesar de haberse licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Cambridge, el nuevo consejero delegado de la FCA es un apasionado de la economía y ha dedicado toda su vida a especializarse en este campo. Antes de encaminar su carrera definitivamente hacia la banca en 1985, fue investigador en la London School of Economics en Londres.

Bailey era subgobernador del Banco de Inglaterra cuando se desató la gran crisis financiera que provocó la caída de varias entidades financieras del país. A principios de 2008, mientras estaba intentando sacar de la quiebra al banco Northern Rock, tuvo que interrumpir su trabajo para ir a socorrer a su mujer de las garras de un nuevo inquilino que irrumpió en su hogar: un oso salvaje. No tardó en correrse la voz y el episodio terminó convirtiéndose en una anécdota divertida que forma parte de su historia.

Cuando el Banco de Escocia estuvo al borde de la quiebra, John Cummins, tesorero de la entidad, se presentó en el despacho de Bailey y le pidió 25.000 millones de libras para mantenerse a flote. “Cummins entró en mi despacho y pensé que le iba a dar un ataque al corazón. De repente, me miró y me dijo: ‘Si te digo que necesito 25.000 millones hoy, ¿podrías reunirlos?’ Y le dije: ‘Sí, yo sí puedo”.

A sus 56 años y con una reputación impecable, Andrew Bailey pondrá fin a 31 años de carrera dentro del banco central británico para hacerse cargo de sus nuevas responsabilidades en la FCA, que incluyen la supervisión de unas 1.700 entidades financieras. La FCA ha decidido que el nuevo consejero delegado cobrará 460.000 libras, lo que supone un considerable aumento de sueldo respecto a las 264.000 libras que percibía como subgobernador de la regulación prudencial, pero bastante menos de lo que cobró su predecesor en el cargo, Martin Wheatley: 701.000 libras, incluyendo un bono de 92.000.

Tras la salida de Wheatley de la FCA, George Osborne, que buscaba llevar tanto experiencia como estabilidad al organismo de control, intervino personalmente en el fichaje de Bailey con la esperanza de que se convirtiera en el nuevo consejero delegado. “El Gobierno sabe que el sector financiero opera con los más altos estándares. Cualquiera que haya tratado con Andrew sabe que va a ser duro pero justo, y entiende los defectos y los méritos del sector mejor que nadie”, señaló el ministro de Hacienda británico tras el nombramiento. Bailey ha confesado públicamente que nunca pensó que se le ofrecería un puesto en la FCA. El nuevo consejero delegado aseguró que estaba muy satisfecho como jefe de la autoridad de regulación prudencial del Banco de Inglaterra y que no tenía pensado dejar ese cargo. Hasta que un día Osborne le propuso el nombramiento sin rodeos. “Los acontecimientos recientes han demostrado que el problema más acuciante en el sistema en este momento es la necesidad de un liderazgo estable a la FCA”, manifestó Bailey, que aceptó el cargo.

Admirado por muchos, no solo profesionalmente sino también personalmente, el nuevo consejero delegado de la FCA ha demostrado sobradamente durante años su mano firme en el Banco de Inglaterra y todo apunta a que podrá perfectamente hacer lo mismo a cargo de sus nuevas responsabilidades. “Andrew es un extraordinario servidor público que ha dedicado su completa vida profesional a servir a la población de Reino Unido”, ha dicho de él el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney.

Bailey tiene muy clara cuál será su hoja de ruta al frente de la FCA. “El éxito del nuevo sistema de regulación financiera en Reino Unido depende de que tanto los reguladores a nivel de conducta como a nivel prudencial alcancen los objetivos marcados por el Parlamento”, señaló Bailey tras su nombramiento.

Pocos ponen en duda al nuevo consejero delegado y muchos son los que esperan que este perfil devuelva la firmeza e independencia, así como la confianza, que la FCA necesita recuperar para poder llevar a cabo con éxito su labor. Para superar ese reto con éxito, Bailey solo tiene que recordarse a sí mismo cómo ayudó a su mujer a liberarse de las garras de un feroz oso.