Bodegas como Protos y Portia organizan catas y visitas guiadas para los turistas

Ribera del Duero, una ruta entre viñedos y campos de cereales

Las provincias de Valladolid, Burgos, Soria y Segovia acogen la comarca donde se produce una de las denominaciones de origen más famosas de España.

Viñedo de Bodegas Portia en la Ribera del Duero.
Viñedo de Bodegas Portia en la Ribera del Duero.

Existe una mejor manera de conocer y disfrutar del vino que acudiendo al lugar donde se elabora? Probablemente, no. En España tenemos muchas oportunidades para ello. Una es la ruta enoturística de Ribera del Duero, la más extensa de Castilla y León, que recorre cuatro provincias: Soria, Segovia, Burgos y Valladolid.

La ruta atraviesa una franja de 115 kilómetros, siempre con el río Duero como compañero de viaje. Las bodegas subterráneas que transportan a los visitantes a los orígenes del vino, la arquitectura vanguardista, la gastronomía, el patrimonio cultural o los parajes naturales convierten este viaje en una experiencia muy recomendable. Ven y ribérate es su lema.

En este territorio dotado de unas condiciones excepcionales para el cultivo de la vid, el vino es la excusa para hacer una escapada: 21.000 hectáreas de viñedos y casi 50 millones de litros de vino cada año. Y entre bodega y bodega, un alto en el camino para apreciar sus encantos: adentrarse en las bodegas subterráneas; disfrutar del peculiar paisaje que proporcionan los viñedos; perderse por las calles de sus pueblos, algunos revitalizados por las visitas turísticas; visitar sus castillos, monasterios, atalayas árabes e iglesias románicas... Y, cómo no, degustar el lechazo asado en horno de leña de encina, la morcilla o la torta de pan de aceite.

Entre bodega y bodega, paradas para apreciar la riqueza monumental de la zona

Junto a Aranda de Duero, San Esteban de Gormaz, Peñaranda y Roa de Duero forman uno de los ejes principales de la ruta, que une más de cien pueblos pequeños.

En la Ribera del Duero vallisoletana, la principal población, con unos 5.000 habitantes, es Peñafiel. Un diseño del arquitecto británico Richard Rogers saluda a los pies del cerro del castillo a quienes visitan las bodegas Protos.

Pero, además de vino, Peñafiel es historia. En sus calles quedan restos de culturas pasadas: el barrio judío, la plaza del Coso, iglesias y conventos como San Pablo, Santa María, Santa Clara... El castillo del siglo IX acoge el Museo Provincial del Vino, una visita obligada.

También en tierras burgalesas, en Gumiel de Izán, se alza la estructura de hormigón, vidrio y acero que Norman Foster ideó para Bodegas Portia.

Y en lo alto de un cerro que domina el valle del río Duero se asienta Roa desde hace más de 2.500 años. Hoy, con 2.500 habitantes, es considerado el corazón de la Ribera. Aquí se encuentra la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero.

El arte de hacer vino

En la DO Ribera del Duero hay más de 200 bodegas. En el recorrido de la ruta siempre acompaña el río. A su paso, gastronomía local y algunos de los mejores vinos del mundo.

Tanto Roa como Haza son pueblos fértiles en bodegas, pero las opciones para conocer los entresijos del vino son muchas –más de 200 bodegas tienen la denominación de origen– y muy variadas.

La población más grande de la Ribera en la provincia de Burgos, Aranda de Duero, con 32.000 habitantes, conserva algunos monumentos históricos de relevancia, como la iglesia de Santa María la Real o la Casa Noble de las Bolas. Las bodegas subterráneas, que se extienden a lo largo de más de siete kilómetros, laten bajo esta localidad. Es una buena elección para disfrutar de su excelente gastronomía.

El viajero también podrá recorrer espacios naturales excepcionales, como el parque de las hoces del río Riaza, que acoge un refugio de aves rapaces y buitres leonados, o recorrer la senda del Duero GR-14, un camino de 100 kilómetros para hacerlo a pie o en bicicleta.