Reino Unido, ¿más fuera que dentro?

Reino Unido está a punto de convertirse en el único país que ha votado dos veces sobre su pertenencia a la Unión Europea. El nuevo referéndum (previsto para mediados de año) le ha servido a David Cameron para chantajear a sus socios y arrancarles algunas concesiones. En aire queda la duda sobre si Londres está ya más fuera que dentro de la UE.

El proyecto de acuerdo entre Bruselas y Londres publicado esta semana supone la enésima espantada de un socio que se incorporó a regañadientes al club europeo en 1973, 15 años después de su fundación. Pero la oferta de la Unión Europea al primer ministro británico, David Cameron, también marca un frenazo a algunas exigencias de Londres y empieza a blindar a la UE y a su principal proyecto, el euro, frente a las incesantes objeciones británicas.

Cameron reclamaba un derecho de veto, tácito o expreso, ante las iniciativas de la zona euro. La firme negativa de la UE, atribuida a Francia, ha impedido esa concesión. Y Cameron ha preferido no convertirlo en un casus belli, consciente de que podía encontrarse con un portazo que le obligara a defender el 'No' a la UE en un referéndum. Una alternativa demasiado peligrosa para una consulta que sólo ha convocado por razones de política interna: desbaratar la creciente oposición del ala euroescéptica de su partido (conservadores) y frenar el ascenso del partido UKip (Independencia del Reino Unido), impulsor de la salida de la UE.

El paso atrás del premier británico muestra que una buena parte de los poderes fácticos de Gran Bretaña, comenzando por la ineludible City londinense, son conscientes de que la isla no puede desconectarse del todo del Continente. Imposible por razones históricas, culturales, económicas, geoestratégicas y de seguridad.

Como ha recordado Ian Bond, del CER, la imagen euroescéptica del Reino Unido oculta la realidad de un Estado que a menudo alienta y explota las iniciativas europeas en materia de justicia, interior o política exterior.

El Reino Unido preserva con celo su soberanía y presume con orgullo de una envidiada salud democrática. Pero al mismo tiempo Londres se apoya en la UE en materia de seguridad (las autoridades británicas impusieron la retención de datos en las telecos europeas y han cursado más de un millar de órdenes europeas de búsqueda y captura) o de relaciones internacionales (recuérdese el empeño de Londres en que la UE sancionara a Zimbawe o Myanmar).

En el fondo, el órdago de Cameron no se ha traducido en ningún cambio profundo en la relación entre Gran Bretaña y la UE. Pero no ha sido inocuo.

La contraoferta de la UE para dar a Cameron una coartada en el referéndum puede causar un daño enorme para la relación de confianza entre los países y sus respectivas opiniones públicas.

Londres ha arrancado el derecho a discriminar a los trabajadores europeos que lleguen a las islas, con posibilidad de negarles o recortarles las ayudas concedidas a los trabajadores británicos.

Ironías de la historia, la rendición de Europa en en ese terreno le ha tocado suscribirla a un polaco, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a sabiendas de que muchos de sus compatriotas serán las principales víctimas de la discriminación si se aprueba en la cumbre europea del 18 de febrero.

Cameron también ha conseguido humillar a la Comisión Europea, que se ha visto obligada a firmar una declaración en la que acepta que los recortes de ayudas podrán aplicarse aún antes de ser aprobados formalmente por la UE.

La norma quizá nunca llegue a aplicarse del todo y es muy probable que acabe impugnada ante el Tribunal de Justicia europeo en Luxemburgo. Pero al igual que Berlín con la gestión de la crisis de la deuda, el gobierno británico ha logrado elevar a categoría de incuestionable los viejos tópicos arrumbados.

Los "gorrones" del Este que intenta espantar Cameron son tan ficticios como los haraganes del Sur a los que castiga Merkel desde hace seis años. Pero el mensaje cala. Y empapa de escepticismo a muchos europeos que también empiezan a tararear el Say hello, wave goodbye de Soft Cell.

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