Editorial

El maridaje de la política y la economía

Los políticos acostumbran a decir que la economía es un asunto demasiado delicado para dejarla en manos de los economistas. Pero hoy tal aserto puede ser replicado por el de que la política es un asunto también demasiado delicado para dejarlo en manos de los políticos, y que bien pudiera hacer fortuna dado que las semanas pasan y no se aprecian avances en la búsqueda de una solución para la gobernabilidad del país. Y curiosamente, las consecuencias directas más paralizantes parece que surgirán en la marcha de la economía, que está, ahora sí, en manos de los políticos. Es preocupante el alarmado comentario hecho ayer por la primera banquera de Europa, Ana Botín, presidenta de Santander, de que “el teléfono no suena ya tanto como lo hacía hace dos meses para comprar activos en España”. Un comentario que solo ratifica otros que durante esta semana, sobre todo desde que Rajoy declinó por vez primera someterse a la investidura, han expresado otros responsables económicos, y que han tenido reflejo práctico en un peor comportamiento de la Bolsa y en el posible retraso de algunas operaciones de financiación a través del mercado de renta variable que estaban previstos para los próximos meses. Viene también al pelo el informe publicado ayer por el Banco de España sobre el reflejo que en la marcha de la economía tiene un esquema institucional sólido como el de la mayoría de los países avanzados, así como el recordatorio por parte de Transparencia Internacional de que la percepción acerca de los niveles de corrupción en España no cesa.

Ha llegado ya la hora de que los políticos empiecen a quemar etapas a marchas forzadas si se quiere mantener el ritmo de una recuperación económica que no ha hecho más que empezar y que España necesita como ninguno de sus socios comunitarios, puesto que sigue a mucha distancia de recuperar los niveles de riqueza de antes de la crisis, y a años luz de volver a los niveles de empleo de entonces.

Los políticos tienen que ofrecer y pactar una salida, y no vale cualquiera. Se precisa una solución que preserve lo bueno que se ha hecho, que ha sido bastante, culmine las reformas que faltan para incrementar el potencial de crecimiento de la economía, y proporcione estabilidad y confianza a quien soporta la necesidad de financiación del país y a quien quiere poner en marcha nuevos negocios. La aproximación de ayer de Rajoy a Sánchez, cierto que con el ruido ensordecedor del último episodio de corrupción aún retumbado, fue rechazada en menos que canta un gallo. Lo más acertado sería escucharla, pues lleva compensaciones que pueden suavizar aquello que el PSOE considera recortes sociales en los últimos años, y devolvería a comunidades autónomas y a ayuntamientos a una senda de racionalidad fiscal que está en cuestión con Gobiernos de coalición volcados hacia la izquierda.