El plan de la UE para evitar el Brexit

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Falta sólo un mes para la cumbre europea (18-19 febrero) sobre el Brexit. En la cita de diciembre, los líderes europeos ya pactaron el calendario y estraegia para ayudar al primer ministro británico, David Cameron, a ganar el referéndum (a mediados de este año) y evitar que el Reino Unidos se convierta en el primer país que abandona la Unión Europea.

(Texto publicado el 21/12/15 en la versión impresa y digital de Cinco Dias)

La cumbre europea de la semana pasada alcanzó un pacto no escrito sobre la estrategia, el calendario y las maniobras necesarias para ayudar al primer ministro británico, David Cameron, a defender el sí a la UE en el próximo de referéndum sobre la continuidad de su país en el club comunitario.

Si el plan pergeñado por Angela Merkel y compañía sale bien, Europa pasará dentro de seis meses la desagradable página de la consulta británica sobre la integridad de la UE. Cameron convocaría su referéndum hacia junio del año que viene y el sí se impondría gracias a las concesiones presuntamente arrancadas a Bruselas por el primer ministro británico.

Pero si el frágil acuerdo alcanzado la semana pasada se rompe o si la opinión pública británica se revuelve contra la oferta europea, Bruselas podría encontrarse el año que viene con el primer abandono en un club que desde su fundación en 1958 no ha parado de sumar socios y ha pasado de los 6 iniciales a 28 Estados miembros con 503 millones de habitantes.

El brexit (como se conoce la salida de Gran Bretaña) no es el escenario deseado ni siquiera por Cameron, que podría verse ante un cataclismo financiero si su país sale de la UE y la City londinense deja de ser el principal centro financiero de Europa.

Pero una buena parte del partido conservador del premier británico defiende con vehemencia la salida. Y la ruptura podría acabar imponiéndose si la consulta se celebra en un clima de naufragio institucional europeo como el actual, con Bruselas desbordada por crisis como la de los refugiados.

El deterioro de la convivencia entre los socios europeos (visualizado en la última cumbre por los enfrentamientos de varias delegaciones con Merkel) también podría complicar la capacidad de maniobra de Bruselas para brindar a Cameron una propuesta que le permita salvar la cara ante su electorado.

Las elecciones a la vista en Francia y Alemania (2017) también complicarán la negociación. Sobre todo, porque el cada vez más poderoso Frente Nacional de Marine Le Pen ya ha anunciado que si gana las elecciones presidenciales francesas exigirá a la UE unas concesiones similares a las que obtenga Cameron. Todo ello convierte el camino hasta el referéndum en un terreno minado.

La primera prueba de fuego llegará en la cumbre europea del 18 y 19 de febrero de 2016. Los socios europeos presentarán entonces su contraoferta a las demandas planteadas por Cameron como condición para defender el sí en la consulta.

Las reivindicaciones de Cameron pueden agruparse en cuatro cestas: restringir los derechos de los inmigrantes europeos; blindar la City londinense y la libra esterlina frente a la zona euro; eximir a Reino Unido de la obligación de “avanzar hacia una Unión cada vez más estrecha”, y dar derecho de veto a los parlamentos nacionales sobre las propuestas de Bruselas.

El acuerdo del pasado jueves, alcanzado tras dos horas de intenso debate con Cameron, no deja fuera ninguna de las demandas del primer ministro británico, ni siquiera su polémica intención de limitar los derechos de los trabajadores europeos en Gran Bretaña durante los primeros cuatro años de contrato. “Hemos acordado trabajar juntos para encontrar una solución en las cuatro áreas”, admitió al término del encuentro el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Cameron también tuvo que ceder a la vista de la tremenda resistencia que su propuesta sobre los trabajadores europeos provoca entre los países emisores de emigrantes, como Polonia, España o Portugal. El mandatario británico se mostró dispuesto a aceptar “alternativas al modelo de los cuatro años, siempre y cuando logren el mismo objetivo”, según explicó Tusk.

Como alternativa se baraja un plazo inferior a cuatro años para que los derechos de los trabajadores europeos se equiparen a los de los británicos o establecer un límite a las prestaciones sociales en base a criterios neutrales en cuanto a la nacionalidad del trabajador. El segundo paso sería plasmar esos compromisos en un texto legal. La canciller Angela Merkel ya ha dejado claro que está dispuesta a reformar el Tratado de la UE para satisfacer a Cameron, pero no antes de sus elecciones de 2017. Cameron tendrá que conformarse con una promesa vinculante, como se hizo con Dinamarca en 1992 para que aceptase el Tratado de Maastricht. La gran incógnita es si el pueblo británico se plegará tan fácilmente como su primer ministro.

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