Editorial

Otra burbuja a punto de estallar

Las crisis se producen porque no se han previsto; el sentido común dice que, de verlas llegar, se evitarían. O al menos se intentaría. No ocurre así con las burbujas. A estas se las ve crecer día a día y una jornada tras otra se advierte contra ellas. Lo malo es que el desenlace suele acabar siendo una explosión tan perjudicial como si no se hubiera visto llegar. Así que será el momento de comprobar si las advertencias que está poniendo sobre la mesa la tensión en el mercado de deuda corporativa de alto riesgo serán esta vez suficientes. En tan solo una semana, tres vehículos de inversión especializados en este tipo de activos han anunciado que cerraban la posibilidad de realizar reembolsos, dejando atrapados a miles de inversores. El 9 de diciembre fue la gestora estadounidense Third Avenue Management la que bloqueó las retiradas en su fondo para desmantelarlo, con un volumen cercano a los 1.000 millones de dólares. Dos días después fue Stone Lion Capital Partners (unos 400 millones de dólares), ante la avalancha de reembolsos, y ayer fue, ya en Europa, Lucidus Capital Partners la que tomo medidas para liquidar 900 millones de dólares. La falta de liquidez es la peor cárcel para los inversores. Está por ver que los avisos de peligro que hace meses lanza el avezado inversor Carl Icahn sirvan de algo esta vez.

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