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Las empresas rinden cuentas

Las presentaciones de resultados engañosas son poco frecuentes. Pero un nuevo estudio desarrollado en el seno de la Cambridge Judge Business School de Reino Unido demuestra que aquellos que manipulan sus cuentas se esconden para nada.

Los jefes corporativos que artificialmente muestran beneficios mayores de lo esperado solo retrasan lo inevitable sin conseguir ganancia alguno, según muestra la investigación. Y cuando la realidad sale a la luz, los precios de sus acciones sufren grandes caídas.

Los accionistas también sufren cuando se averigua que los gerentes manipularon los resultados

Jenny Chu y los otros autores del informe investigaron 158 empresas estadounidenses que desde 1982 habían recibido avisos de Contabilidad y Control de Auditoría de de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en ingés). Estos se emiten cuando la SEC sospecha que hay mala conducta relacionada con la contabilidad o auditoría. La duda, asegura Chu, se suele centrar en el reconocimiento de ingresos, gastos y costes capitalizados y cuentas por cobrar. Según el estudio, el 53% de las empresas recibió las misivas después de superar las expectativas de los analistas por lo menos durante cuatro trimestres consecutivos.

Además, cuando sale a la luz la realidad, es probable que el precio de las acciones de las empresas que han manipulado sus cuentas caiga el doble que el de aquellas que se mantuvieron firmes. Las acciones manipuladas cayeron un 6,1% en tres días. Las no manipuladas, un 3,2%.

Es una victoria para los justos. Pero aunque relativamente pocas compañías intentan manipular activamente los ingresos, hay un punto de vista más amplio: que las empresas no cuentan a las claras lo que realmente está pasando. Es fácil ver por qué se aplica tanto esmalte cuando los consejeros delegados tienen enormes egos y millonarios paquetes de pago que sostener. Los accionistas también se benefician, al menos a corto plazo, si la manipulación consigue mantener los valores de inversión inflados.

Pero estos también sufren cuando se averigua que los gerentes manipularon las ganancias. Los inversores deberían exigir un discurso completo, libre de jerga y estupideces autocomplacientes, porque las mejores decisiones se toman con referencia a hechos sin barnizar.

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