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El débil fracaso de Electrolux

Los legisladores estadounidenses argumentaron que si Electrolux adquiría el negocio estadounidense de electrodomésticos de General Electric podría tener un poder de fijación de precios poco apropiado. La respuesta de los accionistas a la ruptura ayer del acuerdo de 3.300 millones de dólares (unos 3.040 millones de euros) sugiere que nunca albergaron tales esperanzas.

La decisión de GE de cancelar su venta al grupo sueco más de un año después de que se esbozara parece una concesión al Departamento de Justicia de Estados Unidos, con el que las dos empresas habían ido a juicio sobre las ventajas de la transacción. El Departamento de Justicia temía que las amas de casa se enfrentarían a los incrementos de precios en un mercado reducido a un duopolio efectivo.

El temor a que los consumidores sufran cuando las grandes empresas se consolidan es bastante real. El mercado estadounidense de electrodomésticos está más concentrado que en Europa, y también tiene unos mayores márgenes. Ese, junto con un crecimiento de los ingresos de hasta el 4% en un año, era el principal atractivo de la transacción para Electrolux.

El grado de decepción de los inversores se aprecia en la caída inicial del 12% en su valor de mercado ayer. Eso equivale a alrededor de 1.200 millones de dólares. Sin embargo , el grupo sueco había estimado que el ahorro de costes del contrato ascendería a 300 millones de dólares al año, lo que habría obligado a Electrolux a tributar a un tipo del 25% y lo habría valorado en un múltiplo de 10 veces representando un valor de alrededor de 2.300 millones.

Tal vez el mercado ya dio al acuerdo solo una probabilidad del 50% de salir adelante. También parece que pocos inversores tenían puestas sus esperanzas en el incremento del poder de fijación de precios. Electrolux ha perdido algo de crecimiento extra, pero puede que nada más.

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