Ante la debacle con el Barcelona, el sábado

Los 'cambios' que debe afrontar el Real Madrid

El Real Madrid, durante el partido del sábado, con el Barcelona.
El Real Madrid, durante el partido del sábado, con el Barcelona. Reuters

La llave del Real Madrid la tiene el entrenador. Después del desastroso partido frente al Barcelona, (0-4), del pasado sábado en el Bernabéu, toca hacer un profundo examen de conciencia para poder remontar y salvar las naves antes de que finalice la temporada. Se debe hacer un diagnostico correcto de la situación, “esto no es un catarro, el problema es que el paciente está muy enfermo y contagia a toda la institución”, apunta el profesor del IESE Santiago Álvarez de Mon.

El primer paso al frente lo dio ayer el presidente del club, Florentino Pérez, que salió en rueda de prensa, tras una reunión con la junta directiva, para ofrecer el apoyo al entrenador, Rafa Benitez. “Le he transmitido toda mi confianza, tiene todo el apoyo, total e inequívoco, ya que está tratando de reconducir una difícil situación que vive el equipo desde enero de este año. Hay que dejarle trabajar, tiene una buena relación con los jugadores, con la junta directiva y conmigo en particular”, señaló Pérez, que reconoció que los jugadores no habían estado a la altura de las expectativa el sábado.

En este respaldo al entrenador, que ha de trabajar sin intromisiones y con autoridad frente a los futbolistas, incide el director del Instituto Superior de Negociación de la Universidad de Francisco de Vitoria, Juan Mateo. “Para ello necesita el apoyo incondicional del máximo responsable de la organización. Los jugadores deben saber quién es el que manda en el equipo, y este debe ser el míster, que, a su vez, ha de ser capaz de administrar los egos que tiene a su cargo”, añade este experto.

De la misma opinión es Juan Carlos Cubeiro, consejero delegado de Right Management, perteneciente a Manpower Group, quien señala que “en este equipo falla el entrenador, pero además hace falta un director deportivo, y ambos deben ejercer con autoridad”. Este consultor opina que las funciones del presidente han de ser otras bien diferentes a la de dirigir el vestuario. Y lo compara con el director general de una empresa familiar, que no puede ejercer como tal, ni tomar decisiones, porque los trabajadores hablan directamente con el propietario de la compañía. Florentino Pérez reconoció ayer en la rueda de prensa que los jugadores con quién más hablan es con él.

Por su parte, señala Cubeiro, “el Madrid debe profesionalizar su gestión, le falta eso, porque talento tiene, y si no profesionaliza no obtendrá resultados”. Ahí está la clave: en los triunfos. “En un club como el Real Madrid, de emociones fuertes, el superávit es importante pero también lo es ganar trofeos”, asegura Álvarez de Mon, que considera que le falta una estrategia clara, “un proyecto con criterio a largo plazo para no estar a expensas de un partido, del último cabezazo”.

Otro de los problemas que debe afrontar es la gestión de egos del vestuario. Y eso solo puede hacerlo el entrenador. “Los jugadores, al contrario de lo que sucede en cualquier empresa, tienen mucho poder, no se les puede despedir de un día para otro, están blindados”, señala Juan Mateo, que recomienda al presidente hablar con cada uno de ellos para que cierren filas, sin ningún tipo de fisuras, con el entrenador. “El presidente tiene que delegar y no consentir a los jugadores, que muchas veces parecen niños mimados. En un mundo competitivo hay que creer en el mundo colaborativo, no se trata de vencer al entrenador sino de ganar con él”, prosigue Mateo. En su opinión, la clave del equipo está en la inteligencia colectiva, en los talentos que suman.

Con la temporada bien avanzada, queda, como apunta el profesor del área de dirección de personas de Esade, Ceferí Soler, rehacer la misión, la estrategia, de manera que no haya tanta diferencia con el competidor. Otra solución sería, como se hace en la mayoría de las empresas, cambiar al director general, en este caso, al entrenador”, señala.

Pero este cambio no significaría nada si no se modifica el plan estratégico, si no se cambia el estilo de juego. “El mundo de la empresa se renueva, es lo que se llama estilo, se moderniza. Ahora con las nuevas tecnologías ya no se trabaja tanto en la oficina, eso es cambiar el estilo”, afirma Soler.

Y añade que no se trata de que unos corran más que otros, sino de apoyarse más en todo el equipo. “El líder no es el que corre más que otros, es aquel que corre cuando hay que hacerlo”, afirma el docente de Esade, quien recomienda copiar a otros el modelo de éxito que tienen.

“En un mercado tan competitivo, hay que ser humilde siempre para reconocer que hay que cambiar las cosas, y que se puede copiar a aquellos que lo están haciendo bien”, prosigue Soler. Cita el ejemplo de empresas, como Google o Apple, de las que se puede aprender, “ver cómo lo están haciendo porque lo importante es tener humildad y cohesión para renovar los valores”. La diferencia entre un equipo anticuado de otro moderno está, precisamente, en esa capacidad para afrontar los cambios.

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