La 'startup', en proceso de financiación, quiere dejar el laboratorio y pasar a la fase más industrial

Bolígrafos de tinta bio a partir de bacterias

La empresa gala Pili Biotech apuesta por pigmentos degradables.

Tubos de ensayo con tintas bio, que se han probado en una impresora Epson estándar y en otras de tela.
Tubos de ensayo con tintas bio, que se han probado en una impresora Epson estándar y en otras de tela.

Hacer que crezca la tinta a partir de bacterias naturales, en lugar de fabricarla a partir de derivados de la petroquímica, con pigmentos tóxicos y difíciles de reciclar. Esa es la apuesta de Pili Biotech, una joven empresa que ha realizado sus “pruebas de concepto”.

En la actualidad se esfuerza por finalizar una recaudación de 700.000 euros para poder dejar atrás los prototipos y preparar la fase más industrial. “Hoy día, la inmensa mayoría de los colorantes es de origen petroquímico y tiene un impacto terrible sobre el medio ambiente”, explica Thomas Landrain, de 30 años, uno de los tres cofundadores de Pili.

“Sin embargo, se puede elegir otro procedimiento, el de la síntesis biológica por fermentación. Todo lo vivo tiene la capacidad de sintetizar las moléculas complejas. Un poco como la cerveza, donde las levaduras se nutren de un sustrato, se puede utilizar bacterias, que son organismos naturales, en particular las estreptomicinas.

Se aprovecha la capacidad de los microorganismos para secretar colorantes, que sucede en unos días a una temperatura de 25 a 30 grados, sin siquiera tener que aplicar calor”.

Mudanza a Londres
Los tres socios (Thomas Landrain, Jérémie Blache y Marie­Sarah Adenis) obtienen de esta manera cinco colorantes: colores primarios que se pueden mezclar para crear todos los demás. Ganadores de la última edición del certamen dedicado a las biotecnologías Génopole, a finales de 2014, el pequeño equipo dejó su laboratorio parisino, La Paillase, para instalarse provisoriamente en Évry.

A continuación se mudó a Londres para estar más cerca de los nuevos inversores, en particular, un fideicomiso británico financiado con fondos públicos. El objetivo es lanzar productos como “prepiloto”, con una calidad comercial probada, a finales de 2016.

Casi se ha dejado atrás la “biología de garaje” de la etapa inicial: el procedimiento defendido por Thomas Landrain con la creación de la empresa ha dado sus primeros pasos no en un laboratorio, sino en un sitio ocupado de Vitry­sur­Seine.

Así, se ha entablado una cooperación inicial de I+D con un gran fabricante de bolígrafos para el que este sería el primer instrumento de escritura con tinta bio. Este verano realizó pruebas con una impresora Epson estándar, con tinta líquida “hecha en casa”, y obtuvo buenos resultados. Se han llevado a cabo otras paralelas para imprimir en tela, esta vez, haciendo que las bacterias crezcan sobre el tejido, dando lugar a motivos bastante originales y reproducibles.

Otros sectores que podrían emplear la tinta bio son la impresión o el embalaje, aunque los estudios de mercado todavía deben precisarse. “La apuesta es poder utilizar nuestro procedimiento a gran escala y a un precio razonable”, añade Jérémie Blache, exalumno de la escuela de comercio de Toulouse y que antes trabajó en un banco de inversión.

El objetivo comercial de Pili es producir tintas naturales a 1.000 euros por kilo, es decir, de 4 a 10 veces menos que la cantidad actual. Sin embargo, los colorantes sintéticos de origen petroquímico se venden a precios que oscilan entre los 10 y los 50 euros por kilo. En cuanto a la propiedad industrial, no es cuestión de bloquearlo todo con patentes: “Para nosotros, el código abierto es realmente clave”, insiste Landrain.

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