Tribuna

La fase de la desinternacionalización

Desde hace ya casi 10 años, el estancamiento y posterior crisis de la economía española ha impulsado a muchas pymes a salir al exterior, con el objetivo de incrementar ventas y diversificar los riesgos de vender en un solo mercado. Sin embargo, el proceso de implantarse fuera no está exento de riesgos y, si no se hace adecuadamente, puede llevar a los pocos años a una desinternacionalización, es decir, a una salida de esos mercados sin haber obtenido nada más que pérdidas. No sería raro empezar a ver este tipo de movimientos a medio plazo.

La internacionalización es la evolución natural de un concepto más antiguo, el de la exportación o comercio exterior. Mientras que la exportación solo implica movimiento de mercancía o servicios, la internacionalización conlleva movimiento de la empresa, es decir, su implantación en el exterior.

Hace 20 años había empresas que exportaban, pero apenas se encontraban pymes fuera, salvo algunas empresas industriales que implantaban plantas productivas en regiones asiáticas, no tanto para ampliar su mercado sino para disminuir sus costos productivos y ser más competitivos en España. Entonces, el mercado español era suficiente como para mantener el crecimiento que por naturaleza toda empresa requiere, por lo que el esfuerzo de internacionalizarse no compensaba el riesgo de estos proyectos. Nadie pensaba entonces en diversificar sus ventas y, por lo tanto, sus riesgos. Justo antes de la crisis, algunas grandes empresas españolas empezaron a llegar a Latinoamérica. Su buen funcionamiento allí creó para las pymes un efecto llamada, que se vio subrayado por la crisis y la necesidad de diversificar. Latinoamérica se convirtió en el destino por excelencia para las pymes españolas, que cuentan con la facilidad de que sus bienes o servicios son normalmente muy bien aceptados, incluso por delante de los procedentes de países como Estados Unidos.

México fue hace unos años el país que atrajo más pymes españolas; después fue Brasil (hoy en día algo cuestionada por su proteccionismo y burocracia) y ahora, Colombia y Perú son los países de moda. Para muchas compañías, los proyectos de internacionalización han sido un movimiento de supervivencia necesario, pero, sin embargo, no siempre se han ponderado adecuadamente las dificultades y gastos intrínsecos que, mal gestionados, pueden derivarse en fracasos que hagan resentir seriamente las finanzas de la empresa matriz. No son pocas las empresas que no lo consiguen, ni siquiera en el primer destino que optan. El hecho de contar con afinidad e incluso con algún cliente que permita iniciar un proyecto de esta naturaleza no es garantía suficiente de éxito. Por lo general, son muchas las empresas que tienen que iniciar desde cero su filial y hasta que consiguen superar el punto de equilibrio pueden pasar años, en los cuales han tenido que soportar gastos recurrentes y superar muchos inconvenientes. También deben superar a sus competidores técnica y económicamente y, algo fundamental, ganarse la confianza de sus clientes.

¿Y ahora qué? Hoy en día muchas pymes están planteándose si están en el camino correcto. Pronto veremos cómo algunas de ellas inician un proceso de reorganización de sus filiales, quedándose únicamente allá donde están siendo viables y cerrando las de los países que no hayan conseguido superar todos estos inconvenientes. Será un proceso de desinternacionalización natural, en el caso de aquellas compañías que saltaron al exterior sin tener un plan adecuado. No es una cuestión de que la internacionalización no sea una opción válida para crecer, que lo es y mucho. Es una cuestión de decidir el momento y, sobre todo, planificar factores como la asignación de recursos, fijación de objetivos de negocio realistas o la selección de un buen partner o equipo local, entre otros.

Luis M. Uranga es fundador y Director General de UR Global.

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