Editorial

Éxitos del presente y tareas de futuro

La depreciación del euro se ha convertido en un potente aliado en la tarea de impulsar la competitividad de las empresas españolas. Según datos del Ministerio de Economía, España ha ganado en un solo año 10,5 puntos en este ámbito frente a la mayor parte de los países de la OCDE. A la caída de la moneda única, que ha beneficiado a nuestro país, pero también al resto de los socios comunitarios, hay que sumar otro importante factor dinamizador: la sustancial rebaja de los precios de consumo que ha acometido España, en contraste con el alza que esos mismos precios han experimentado en otras economías de la OCDE.

La combinación de un euro débil y de unos costes ajustados ha permitido así avanzar con vigor en la corrección de uno de los grandes desequilibrios que la crisis ha dejado en la economía española: la pérdida de competitividad de nuestras empresas. Durante el tercer trimestre de este año, España ha pasado a ser ya una economía más competitiva que las de los países de la OCDE. La enorme dosis de sacrificio y de austeridad que han realizado las empresas y los ciudadanos españoles, sumada a las reformas coyunturales que nuestro país ha adoptado en materia económica, constituye la exitosa receta que ha permitido alcanzar ese objetivo.

Para consolidar esos frutos y continuar por una senda de crecimiento sostenido, España debe ahora mantener un control razonable sobre precios y costes. A la vista de las previsiones que maneja la Comisión Europea, todo apunta a que nuestro país seguirá con una política de control salarial también en 2016, dado que estos apenas se incrementarán un 0,6%, según esos datos. Ello contrasta con las cifras que se manejan para el resto de la UE, donde se cifra el aumento de los salarios en una media del 2%. Se abre así un horizonte de oportunidades para que España siga mejorando su posición en el mercado y haciendo más competitiva su economía.

Con todos esos mimbres, la economía española afronta una coyuntura histórica en la que no quedan excusas para retrasar por más tiempo la puesta en marcha de un nuevo modelo productivo para nuestro país. Las reformas llevadas a cabo por el Gobierno han transformado el perfil económico de España en un plazo récord. Pero ahora resta por abordar una segunda fase tan importante como la anterior: sentar los mimbres para que la economía pueda consolidar esta recuperación y dotarse de un modelo de crecimiento sólido para el futuro. Esa tarea, que corresponderá ya al equipo de Gobierno que salga de las urnas el próximo 20 de diciembre, pasa por seguir liberalizando, modernizando y reindustrializando la economía española, pero también exige apostar por la digitalización y la innovación como bases para el nuevo modelo.

Normas
Entra en El País para participar