Editorial

Un sector con potencial de futuro

El sector turístico español repetirá este año un ejercicio récord, el mejor de toda su historia, tanto en número de visitantes extranjeros como en ingresos. Si las previsiones del Gobierno se cumplen, España recibirá un total de 68 millones de turistas internacionales, lo que supone un 40% más que en 2009. Los ingresos podrían rondar, si esas cifras se confirman a final de año, los 67.000 millones de euros. Ello supone un alza de 19.000 millones en términos absolutos y del 50%, en términos relativos, desde el inicio de la crisis. El número de pernoctaciones ha pasado de 250 a 300 millones, un crecimiento impulsado casi en exclusiva por el creciente tirón de los visitantes extranjeros.

El secreto de esta eclosión de turismo internacional está principalmente en los disturbios desatados en el norte de África tras el estallido en 2011 de la primavera árabe. Destinos emblemáticos, como Egipto o Túnez, han visto desde entonces desplomarse su industria turística, una circunstancia que ha beneficiado de forma importante a España y se ha reflejado tanto en el incremento de llegadas –un 30% más que en 2009– como en el de ingresos. Ese repunte no se ha reflejado con la misma intensidad en el empleo, que solo crecido un 10% desde esa fecha.

Pese a que ese 10% constituye una señal inequívoca de la solidez de la industria turística respecto a otros sectores de nuestra economía, cuya capacidad de crear puestos de trabajo ha sido considerablemente menor, la disparidad entre ingresos y empleo en el turismo resulta llamativa. Mientras los sindicatos la atribuyen a la precariedad de los contratos llevados a cabo por las empresas del sector, desde la patronal diferencian entre la bonanza de los destinos ligados al turismo extranjero y las rentabilidades obtenidas por el resto de la industria española, que en algunos casos ha sufrido caídas del 50%. En cualquier caso, los datos revelan que las remuneraciones en este sector se sitúan como las segundas más bajas del mercado laboral español, tan solo por encima de las del personal doméstico.

El potencial económico del turismo está lejos de agotarse, más aún cuando España tiene todavía como asignatura pendiente afrontar una reestructuración y renovación de buena parte del sector que permita desarrollar un modelo de negocio más competitivo, más moderno y con mayor calidad y diversidad. En ese proceso de modernización de una industria que está basada en los servicios, la creación de más y de mejor empleo constituye una pieza fundamental, que deberá ir acompañada de una formación profesional cada vez más rigurosa y exigente. Se trata de un reto que no solo es clave para el futuro del sector, sino también para el conjunto de nuestra economía.

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