Editorial

Compromiso de gobernanza fiscal

El Código de Buenas Prácticas Tributarias acordado por el Foro de Grandes Empresas tiene como apreciable objetivo una mayor agilidad en el control tributario, reducir la conflictividad y establecer un estándar de buena gobernanza para las compañías adheridas. A la vez, la Agencia Tributaria (AEAT) tendrá a su disposición información temprana de las empresas sobre su presencia en paraísos fiscales, cumplimiento de los principios del BEPS de la OCDE (Erosión de Bases y Traslado de Beneficios) y de la estructura de financiación y riesgos tributarios más significativos. Todo ello a la búsqueda de más transparencia y seguridad jurídica. A efectos prácticos, se ha diseñado un catálogo de 11 indicadores de buenas prácticas, y en el caso de que la AEAT considere que una empresa adherida incumple el código, le podrá reclamar al consejo de administración los compromisos concretos. Es decir, Hacienda dará así una especie de certificado de buena conducta tributaria. Su carácter voluntario, la apertura a empresas de cualquier tamaño y que tenga la agilidad como objetivo son puntos a favor. Pero el más interesante es el carácter recíproco por el que la AEAT se compromete a tantos indicadores de cumplimiento como las empresas –como un marco previsible o reducción de tiempos de procedimiento–, que estas le podrán exigir en todo momento.

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