Editorial

La dieta inevitable del Deutsche Bank

La industria alemana lleva un año complicado para sostener la arrogante excelencia germánica que campa a sus anchas en el primer mundo. Al último episodio de la que era ya primera automovilística del mundo, se suma ahora la crisis del primer banco germano, el Deutsche Bank, obligado a replegar las posiciones de su balance (abandonará cinco países de Latinoamérica, cuatro europeos y Nueva Zelanda), a aflorar pérdidas de 6.000 millones de euros en el tercer trimestre del año, a recortar su plantilla en unos 9.000 empleos directos, y a suspender el pago de los dividendos durante este año y el próximo. Tras estar implicado en escándalos de manipulación de los índices hipotecarios y hasta de lavado de dinero, añade la supuesta violación de las sanciones impuestas a Irán o Rusia, con costes muy elevados en todos los casos. Además, debe reponer provisiones para cubrir las pérdidas de su filial de banca de inversión, así como una depreciación nada despreciable (649 millones) de su participación en el chino Hua Xia Bank.

Este amargo cóctel es administrado en un escenario de tipos tan bajos que mortifican sus márgenes a la vez que necesita sanear sus ratios de capital, como todos los bancos en Europa. No es germano todo lo que reluce.

Normas