Editorial

La identidad global de Grifols

El grupo Grifols lleva en sus señas de identidad tres marcadas a fuego por su presidente, Víctor Grífols, a quien no le cuesta decir las verdades del barquero. La primera, que no invertirá más en Cataluña ni en España “mientras la situación no cambie”, en referencia a la necesidad de más apoyo a las empresas; la segunda, su respaldo expreso a Artur Mas y el proceso independentista –“no te arrugues”, le pidió en público–, y en tercer lugar, una incuestionable estrategia de expansión internacional. Es en este tercer ámbito donde el grupo farmacéutico acaba de tomar decisiones importantes. Se llevará a Irlanda su centro neurálgico de operaciones y financiero, su cerebro gestor, la división de biociencia (77% de su negocio) y también su I+D (hasta ahora, en Barcelona y Carolina del Norte). Centralizará allí la gestión mundial de tesorería, tras abrir en Dublín su nueva planta logística de distribución mundial. Grifols es global y ubica sus operaciones “donde más le conviene a sus negocios”, y estos cambios, dice, no son solo por optimización fiscal, dado el beneficioso marco tributario de Irlanda, porque lo que busca es buena localización y estabilidad del marco legal, fiscal y regulatorio, ya que en España “cada Gobierno cambia el mercado”. Son llamadas de atención a tener muy presentes. Ahora, habrá que ver dónde instalará el grupo su nueva fábrica, para cuyo emplazamiento opta Cataluña.

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