La Caixa y Santander quieren reforzar más su dominio en el mercado doméstico

¡Todos quietos. Que nadie se mueva hasta después del 20D!

¡Todos quietos. Que nadie se mueva hasta después del 20D!

En menos de tres meses parece que los mensajes del Banco de España, e incluso de Economía, sobre una posible vuelta de tuerca a las fusiones en la banca española ha ido perdiendo intensidad, en sentido proporcionalmente inverso a lo que está ocurriendo con los márgenes de los bancos, cada vez más débiles al operar bajo la presión de unos bajos tipos de interés y ante una mayor competencia.

El pasado mes de junio, el subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, instó a la banca (se entendió que mediana) a abordar nuevos procesos de fusión a medio plazo ante la presión sobre los márgenes. Tres meses después, el gobernador, Luis María Linde, fue más cauto en su mensaje al declarar “que otra oleada de fusiones es una posibilidad abierta. No creo que sea para mañana, pero no se puede excluir”.

Si se le pregunta a Economía la respuesta es aún más meditada. “Son decisiones empresariales donde el Gobierno no interviene, pero la banca española comparada con sus competidores tiene una rentabilidad más elevada”, declaró el secretario de Estado de Economía, Íñigo Fernández de Mesa, en una entrevista con CincoDías.

Varias fuentes financieras entienden que esta menor intensidad en su defensa de las fusiones tiene una clara explicación electoral, más cuando ninguna entidad necesita abordar en los próximos meses una operación corporativa para sobrevivir. “En medio de una campaña electoral no estaría bien visto que se alentara una fusión o absorción de una entidad mediana. Quién en estos momentos dejaría nuevamente a una comunidad autónoma sin su banco de referencia. No es el momento. Eso resta votos”, explica un alto directivo de una entidad financiera.

“De momento, salvo medidas populistas como la de la regulación de las comisiones de los cajeros, no es conveniente mover más hilos en el sector”, explica otra fuente del sector, quien añade que lo mejor “es quedarse todos quietos hasta después de las elecciones. Y si pasa algo, siempre que sea positivo”.

Ya la semana pasada hice referencia a las negativas consecuencias que tendrá para varias entidades las sentencias de las cláusulas suelo, motivo que puede provocar nuevos movimientos corporativos, pero incluso eso podrá esperar.

Esperen o no, lo cierto es que ya soterradamente, como un mar de fondo, las especulaciones sobre nuevas fusiones y sus quinielas van extendiéndose como una mancha de aceite. Los protagonistas, claro, los de siempre, no hay mucho donde elegir. La fecha para estas hipotéticas operaciones, segundo semestre de 2016.

El primer protagonista para hacerse con una nueva entidad es La Caixa. La entidad que preside Isidro Fainé, y esto no es rumor, tiene la intención de afianzar más su peso en España. El fracaso de crecer en Portugal (proyecto con BPI que podría retomar en unos meses) y la mejora de la economía nacional le han llevado, como a Santander, a pensar en aumentar aún más su influencia en el mercado doméstico.

Las especulaciones apuntan a que La Caixa sigue haciendo ojitos a Banco Popular, con un fuerte y atractivo negocio de pymes. Pero el banco que preside Ángel Ron no quiere oír hablar del asunto. También estaría interesada en una hipotética privatización de Bankia, lo que le daría la hegemonía en España, en general, y en Madrid en particular. En este caso parece clara su imposibilidad, al ser Bankia una entidad sistémica propiedad del FROB.

Santander también estaría interesado en Popular y Bankia, algo también que está muy bien en teoría, pero que parece bastante improbable. Eso sí, para abordar una operación de este tipo Santander tendría que realizar una ampliación de capital, lo que, según los analistas, no estaría mal ya que aceleraría sus objetivos de llegar al 11% en su ratio de core capital fully loaded (totalmente anticipado a la regulación futura del sector) en 2018. A junio, cerró con un core capital del 9,83%. La mejora de los objetivos de capital es una exigencia de los mercados pues la solvencia de Banco Santander es inferior a casi el 11,5% de la media de los grandes bancos europeos. Sin una operación corporativa Santander no abordará una ampliación de capital, ya que su plan estratégico anunciado el pasado 26 de septiembre en Londres fija un crecimiento orgánico de su ratio de capital.

Círculos financieros también especulan con una unión de Popular con Ibercaja o con Unicaja. En ambos casos no se sabe quién sería el más beneficiado. Popular lograría tanto con Ibercaja como con Unicaja reforzar su cuota en España, y le permitiría cimentar también su capital, ya que tendría que para abordar una operación de este calibre tendría que realizar una ampliación. Estos dos últimos bancos podrían, a su vez, quitarse la espinita de salir a Bolsa. El problema es que en el canje tanto Ibercaja como Unicaja se harían con un tercio del capital de Popular, algo que los accionistas del banco no permitirían. Lo mejor así es esperar a que ambas antiguas cajas coticen (y es lo que parece que pasará antes de que cualquiera de las dos entidades aborden un proceso de fusión). BMN, mientras, ni se vende ni se compra. Espera salir a Bolsa en el segundo semestre de 2016.

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