Tribuna

La revolución silenciosa del IVA y Hacienda

En pleno verano, cuando media España se disponía a partir de vacaciones, casi con nocturnidad, el pasado 30 de julio la Agencia Tributaria sacó adelante el proyecto de Real Decreto para la modernización de la gestión del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). La iniciativa busca impulsar el uso de medios electrónicos en la gestión de este impuesto y forma parte del ambicioso proyecto para lograr mayor fluidez en la comunicación de los contribuyentes con la administración tributaria. Pese a haber pasado relativamente desapercibida esta reforma representará una pequeña revolución en el ámbito de la fiscalidad empresarial, en primer lugar porque la Agencia Tributaria tendrá más mecanismos de control y sobre todo dispondrá de ellos mucho antes. Además las empresas tendrán que impulsar una drástica remodelación de sus departamentos administrativos para cumplir con los exigentes plazos que conlleva la nueva fórmula de gestión del IVA.

Se trata por tanto de una iniciativa de amplio alcance para el mundo empresarial, pues se verán afectadas obligatoriamente las grandes empresas –con facturación superior a 6 millones de euros anuales- , y se estima que el nuevo método de gestión afectará al 80% de las transacciones realizadas en la economía española. En definitiva, en su afán por obtener información para luchar contra el fraude fiscal, la Agencia Tributaria tendrá a partir del 1 de enero de 2017 una cantidad de información enorme y detalladísima de la actividad económica sólo 4 días después de que cada transacción se produzca.

La iniciativa se basa en el desarrollo de un registro online para el IVA, que se deberá realizar a través de la sede electrónica de la Agencia Tributaria, dentro del proyecto bautizado como SII (Suministro Inmediato de Información).

El contenido de la propuesta va a marcar un hito en el panorama fiscal español, ya que, obliga a realizar la llevanza de los registros de facturación de manera individualizada y a través del suministro electrónico de datos directamente por el contribuyente en la propia Agencia Tributaria. Como contrapartida a este intenso cambio, las entidades acogidas podrán eximirse de algunas obligaciones formales, lo que conllevará mayor fluidez y dinamismo en su trabajo diario. Es llamativa la implantación de una serie de plazos para el envío electrónico de las anotaciones registrales, especialmente el plazo general de 4 días naturales.

Con la información recibida y la que ya figure en la base de datos la Agencia elaborará los datos fiscales del contribuyente, facilitando la declaración del Impuesto del IVA.

Hacienda no debería descartar alguna impugnación de su Real Decreto en base al carácter secreto de la contabilidad de los empresarios, pues una cosa es el derecho de acceso de Hacienda a la contabilidad y otra distinta es que esta contabilidad tenga que estar residenciada en la sede electrónica de la Agencia Tributaria. Es cierto que el detalle de las transacciones que se incluyen en los libros de IVA no configuran toda la contabilidad de un empresario, pero el resultado práctico final de la información obtenida en lo relativo al IVA es muy amplia en conceptos como clientes, proveedores o márgenes.

El plazo de 4 días para enviar la información puede también resultar asfixiante para las compañías, debido a que, después de cada facturación, los contribuyentes deberán enviar a la Agencia Tributaria el detalle de las facturas emitidas y recibidas. No se requerirán las facturas completas pero será trabajoso.

El nuevo Decreto demuestra que la Agencia no se anda con minucias a la hora de recopilar información, y refleja una vez más su interés en conocer a fondo cada proceso en el desarrollo de la actividad económica de las empresas. Roma no se construyó en un día y la información fiscal informatizada de las empresas tampoco. Ahora queda poco más de un año para cambiar no sólo el sistema de facturación, sino la mentalidad de las sociedades.

Este cambio afectará de forma notable al funcionamiento interno de las sociedades y puede que sea un plazo muy corto para que tanto la Agencia Tributaria como las empresas puedan diseñar todos los programas que será necesario implantar.

No siempre las instituciones caminan al ritmo de la realidad empresarial, pero esta vez no obstante deberemos hacernos a la idea de que Hacienda, a partir del 2017, seguirá caminando por detrás de nosotros, pero mucho más cerca.

Francisco Montero es socio de Bufete Barrilero y Asociados.

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