Editorial

Mejorar el transporte urbano

Cuando el departamento de innovación del Grupo Daimler desarrolló el sistema Car2Go en 2008 sabía bien lo que hacía. El sistema de alquiler de vehículos sin reserva, que una vez usados se aparcan en cualquier sitio, sin las molestias propias de la devolución en un punto concreto, y que además se puede alquilar en periodos tan cortos como unos cuantos minutos, parece dotado de flexibilidad suficiente como para revolucionar el concepto del transporte urbano en coches de alquiler. Si además de eso, se emplean utilitarios fabricados por el propio grupo –el Smart, modelo Fortwo–, el negocio se ve aún más claro. Pero si se añade la filosofía del vehículo no contaminante y se le suma la capacidad de resolver saturación en el tráfico, la pregunta es por qué no se ha hecho antes. Lo cierto es que el concepto de Daimler, que funciona ya en una treintena de grandes ciudades en ocho países –aunque solo en unas pocas con vehículos exclusivamente eléctricos, como los que pronto traerá a Madrid–, ofrece soluciones interesantes, pero para su desarrollo requiere la complicidad de los ayuntamientos. La alcaldesa de Madrid Manuela Carmena, ya ha dicho que le parece una “idea muy bonita”. En sus manos está que la fórmula elegida además respete escrupulosamente las normas de competencia con el resto del sector.

 

 

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