Editorial

Siniestralidad a la baja como gran objetivo

La mejora en las cifras de siniestralidad en las empresas es una de esas buenas prácticas, deseada por todos los participantes en la actividad de una compañía, que va mucho más allá del ámbito de la responsabilidad social corporativa. Las medidas para prevenirla deben ser un proceso continuo, tanto por parte de los responsables empresariales como de todos los componentes de la plantilla. Solo mediante una convencida labor solidaria, la modernización de los sistemas de protección y una política empresarial que ponga la siniestralidad cero entre sus objetivos prioritarios se consigue algo tan imprescindible como trabajar sin riesgo. Y más en un momento de recuperación como el actual, en el que la siniestralidad se suele incrementar de la mano de la mayor actividad.

Las organizaciones empresariales y sindicales ya tienen en su poder el borrador del real decreto para reformar el sistema de bonus que se aplica a las empresas como incentivo para que reduzcan su siniestralidad. La propuesta del Ministerio de Empleo quiere simplificar las solicitudes y agilizar el reconocimiento del abono de las primas. El bonus, básicamente, rebaja a las empresas que cumplen los objetivos un 5% las cuotas de accidente el primer periodo de observación –de hasta cuatro años–, un descuento que se duplica hasta el 10% a partir del segundo plazo en las empresas que consiguen las metas de baja siniestralidad.

El departamento de Fátima Báñez está convencido de que tales mejoras harán que muchas más empresas soliciten este bonus, y por ello prevé multiplicar por tres el presupuesto para esa partida, de los actuales 100 millones al año hasta unos 300 millones. Son pasos en la buena dirección porque además de mejorar los incentivos económicos, simplificarán trámites que, hoy por hoy, son extraordinariamente complejos. Una prueba de su ineficiencia es que tal complejidad hace que apenas se gasten 30 millones de los 100 millones que se presupuestan cada año.

Simplificación de trámites, agilización en el procedimiento de concesión del bonus y eliminación de trabas administrativas son cuestiones imperiosas para las empresas, cuyo objetivo debe ser crear empleo y riqueza, y no desbrozar marañas administrativas. El hecho, por ejemplo, de que hasta ahora se exigieran inversiones en las instalaciones y en cursos de prevención para poder percibir el bonus lo convertía el una simple devolución, como destacan los empresarios. El objetivo es la disminución real de la siniestralidad. Y, para ello, también es necesaria la mejora de la fórmula de financiación del bonus. El cambio será eficaz si cumple su objetivo, y lo será si elimina cualquier atisbo de “mercadeo”, y se hace con total transparencia por parte de las empresas, los sindicatos y, por supuesto, la Administración. Porque la batalla contra la siniestralidad solo se gana si trabajadores y empresa hacen contra ella un frente común.

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