Editorial

Los retos esperan propuestas

Los buenos datos de evolución del PIB en la primera mitad del año, que han mostrado su fortaleza especialmente en el segundo trimestre, indican que la economía español ha tomado una velocidad de crucero que se debe mantener para que desarrolle plenamente su crecimiento potencial. Para ello se ha de cumplir la condición básica de seguir con la política de reformas, porque de lo contrario, y pese a la fortaleza del crecimiento actual, este no sería sostenible.

Además de lidiar con las numerosas tensiones internacionales, la economía española afronta en clave interna una numerosa lista de retos y deberá confirmar su resistencia para superarlos con solvencia. Ciertamente, el inicio del último cuatrimestre comienza de manera atípica, con los Presupuestos en muy avanzado estado de tramitación a pesar del rechazo de toda la oposición. Las urnas en las elecciones generales de diciembre dirán si cuentan con el visto bueno de los ciudadanos o si estos ponen las cuentas públicas en otras manos. Como quiera que sea, el ocupante de la Moncloa a partir de enero debe conocer el peligros de dar marcha atrás en las reformas emprendidas. La consolidación fiscal, la moderación salarial y la flexibilidad del mercado de trabajo son tres de sus pilares, que desembocan en cumplir los objetivos de déficit pactados con Bruselas –aunque amenazados por las autonomías y la Seguridad Social–, en acompasar los sueldos al ritmo de la economía y propiciar la creación de empleo. Pero también han significado una subida de impuestos, un ajuste de gastos sin precedentes y la pérdida de poder adquisitivo de muchos trabajadores, que en paralelo a la recuperación reclaman recuperarlo.

El cambio más delicado será la reforma de las pensiones, propuesta por el Gobierno en su proyecto de Presupuestos para 2016, y asegurar la sostenibilidad de las cuentas de la Seguridad Social. El debate sobre pensiones y sus fuentes de financiación, con el objetivo de solventar un peligroso déficit, formarán parte de las campañas electorales, en las que todo indica que una vez más las pensiones serán un arma arrojadiza electoral.

El nuevo modelo de financiación territorial, la consolidación de la estabilidad en la financiación estatal, la continuación del rediseño de la fiscalidad, la potenciación de la industria y de una economía menos ligada a la construcción –que ya vuelve a tomar fuerza en inversión y empleo–, y la reducción de los elevados niveles de deuda pública y del apalancamiento privado son otros de los retos que afronta la economía española en el medio plazo. Suficientes como para que en las campañas electorales que se avecinan, empezando por la de las elecciones catalanas del 27S, los ciudadanos oigan propuestas y soluciones a las que atenerse a la hora de elegir su opción en las urnas.

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