Editorial

Artillería china para calmar a las Bolsas

El Banco Popular de China, su banco central, ha tardado menos de 24 horas en sacar la artillería pesada para calmar a los mercados tras la debacle del lunes. Entre otras medidas, rebajará desde hoy miércoles 0,25 puntos en los tipos de interés de los préstamos, hasta el 4,6%, y reducirá desde el 6 de septiembre en medio punto el coeficiente de caja de los bancos, además de inyectar otros 20.000 millones de euros en el sistema financiero para aumentar la liquidez. Es la mayor intervención directa desde el año pasado y el segundo doble recorte, de tipos y coeficiente, en dos meses. Su objetivo es atajar la nueva crisis que sufren las Bolsas, contagiada a todos los mercados mundiales el viernes para desatar la histeria el lunes en una vorágine de ventas.

Los analistas ya advirtieron de que el susto del lunes fue una corrección y, a la vez que descartaban una recesión planetaria, recomendaban con acierto extremar la cautela tras la bomba que, después de sucesivos avisos, estaba cayendo sobre las Bolsas de todo el mundo. Lo cierto es que a diferencia de lo ocurrido el mes pasado con los desplomes bursátiles chinos, las ventas masivas del viernes y el lunes impactaron directamente en las divisas, las Bolsas internacionales y las materias primas. Y es obvio que el debilitamiento de la actividad en China ya daña directamente a las economías emergentes, principales suministradores de unas materias primas que no dejan de bajar de precio.

Esta será la quinta rebaja de tipos y la cuarta del coeficiente de caja que el banco central chino aprueba desde noviembre pasado, además de la mayor intervención directa en el mercado desde enero. Un intenso calendario que no hace sino demostrar la ineficacia de las anteriores intervenciones y puede dar la razón a quienes ponen en duda la capacidad de las autoridades chinas para gestionar con acierto los mercados. Las nuevas medidas, no obstante, han sentado muy bien a los parqués occidentales. Incluso el precio del petróleo ha reaccionado claramente al alza. Sería ingenuo, sin embargo, dar por zanjada la inestabilidad. Por la misma razón que la histeria del lunes se produjo sin nuevas razones para ello, tampoco existen ahora para esa rápida recomposición. Lo que se ha hecho es aparcar el pánico. Por lo demás, Pekín aún dispone de amplio margen para incentivar el crecimiento con estímulos fiscales y monetarios.

La intervención del regulador chino busca estabilizar el crecimiento con esa rebaja en los costes de financiación para apoyar un “sano desarrollo de la economía real”. Y aquí está la clave. Porque queda por saber si los cambios en el gigante asiático, que incluyen tres devaluaciones consecutivas este mismo mes y la reforma del sistema cambiario del yuan, servirán para afrontar la nueva etapa de ralentización de su crecimiento de una manera progresiva y ordenada o será un choque, muy indeseable, para la economía mundial.

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