Curro Romero, Antoñete o El Juli han lucido en el ruedo los diseños de Justo Algaba

El sastrecillo valiente de los toreros

Las grandes figuras del toreo español y suramericano se visten desde hace años de Justo Algaba, que ha ayudado a popularizar la moda taurina en todo el mundo.

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La incorporación de tonalidades nuevas es una de las aportaciones de Justo Algaba a la indumentaria taurina.

No le dolió que Madonna encargara su traje de luces a otra sastrería española –por cierto, catalana– porque él vende sus creaciones a modistos de la categoría de Dolce & Gabbana o Christian Lacroix y a otras muchas celebrities, entre ellos, La Toya Jackson, Andy García, Silvester Stallone, Mick Jagger o Paul McCartney, además de políticos y empresarios.

Y aunque de momento no podría decirse que diseñe modelos propiamente prêt-à-porter, Justo Algaba hace ya muchos años que dejó de ser un mero sastre de toreros para convertirse en un creador de moda de inspiración taurina también para las féminas.

Fue listo. Parece que presintió que la fiesta en España iba a menos, a diferencia de la moda olé española. “Ya no es raro casarse con un vestido con pinceladas toreras, asistir a un cóctel o a cualquier otro tipo de evento con una camisa o un bolso de mano con ese formato”, dice este albaceteño, fundador y propietario de esta empresa, que también diseña carteras, sombreros, pañuelos, chalecos bordados, cinturones y todo tipo de complementos, y que lleva más de 45 años vistiendo a los más grandes de España y Suramérica.

Curro Romero, Rafael de Paula, Paco Ojeda, Antoñete, Esplá, primero, y más tarde Francisco Rivera Ordóñez, Jesulín de Ubrique, Enrique Ponce o El Juli son sólo algunos de los que han pasado por su trastienda.

Un vestido de matador cuesta unos 3.500 euros

Cuenta Algaba, que la innovación ha sido lo que le ha dado el reconocimiento, pero también la oportunidad de popularizar la moda taurina en el mundo, circunscrita durante años a la sangre y arena. Es decir, a los ruedos.

Además de darle, no una, sino varias vueltas a los diseños de los trajes de luces tradicionales, actualizándolos, Algaba comprendió enseguida que la moda del coso daba para mucho más y prueba de ello es que sus creaciones cuelgan, desde hace años, de las perchas de las más prestigiosas tiendas de París, Londres, Milán, Tokio y Nueva York, entre ellas, Bloomingdale’s.

Vestidos de novia o novio con tintes goyescos, vestidos de fiesta taurinos, así como la incorporación de tonalidades nunca empleadas en los trajes de los toreros son sólo algunas de sus aportaciones. Y sigue discurriendo para innovar. De hecho, desde hace unos años confecciona vestidos de luces picassianos, que cada año se lucen en las corridas que en honor al pintor se celebran en Málaga y se han convertido en una tradición para la ciudad.

Dos señales hicieron a este artesano decidirse a vestir a los toreros. La primera, “cuando vi torear al Cordobés en Albacete, en los años sesenta. La segunda la desencadenó el Viti, “que estaba encargando un traje de luces en una sastrería de Madrid”, donde entró a trabajar poco tiempo después. Y claro está, su amor por el mundo de la tauromaquia. Debió de pensar en un lance de capote cuando decidió bautizar a su hija con el nombre de Verónica.

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Dos pruebas son las que tienen que pasar los matadores durante la confección.

Tras varios años como aprendiz, en 1974 abrió la primera tienda a pie de calle en el singular barrio madrileño Tirso de Molina, donde estuvo afincado unos 15 años. Luego vinieron tres establecimientos más, uno en la calle de la Paz, cerca de la madrileña Puerta del Sol, y otro, el más moderno y grande, en Las Rozas (Madrid), además de la tienda que tiene al lado de la plaza de toros de La Maestranza en Sevilla.

Además de vestir a toreros míticos de corridas míticas, enseguida comenzó a trabajar para el mundo del cine y la televisión. Películas como Carmen, rodada en Ronda por Francesco Rosi (1984), más tarde, la serie Juncal, Herederos o la más reciente, Hable con ella, de Almodóvar, son una muestra de los trabajos para la gran pantalla de esta empresa, que cuenta con 50 empleados. En su taller de Las Rozas confecciona un centenar de trajes de luces al año (antes el doble) y el resto de sus creaciones.

Aunque recuerda como uno de los momentos más significativos de su carrera la corrida de toros celebrada en Sevilla con motivo de la inauguración de la Expo 1992 porque tuvo “el privilegio de vestir esa misma tarde a Curro Romero, Paco Ojeda y Espartaco”, es el desfile de moda femenina de inspiración taurina llevado a cabo en México en 1985 el hito más importante de la casa. Y es que traspasó la barrera hacia la moda generalista y sacó lo taurino fuera de las fronteras españolas.

Tampoco la ópera se ha resistido a sus creaciones. El Metropolitan de Nueva York, El Royal National Theatre de Londres, las óperas de Dresde, Ámsterdan y Sídney (Australia) han vestido y siguen vistiendo de Algaba. Entre sus proyectos más inmediatos destaca un pedido para una obra que se estrenará en diciembre en Londres.

La confección de trajes únicos, adaptados a la personalidad de cada matador –porque “el traje los transforma”–,la incorporación de todos los colores en los trajes goyescos, reducidos durante años al blanco y negro o azul y negro; así como a los trajes de luces clásicos “que ganan luminosidad, prestancia y belleza”, o motivos marineros han sido algunas de sus innovaciones.

Jesulín de Ubrique fue uno de los primeros que se atrevió con el amarillo durante una corrida organizada solo para mujeres en Valencia, un color que hasta entonces estaba prohibido por la superstición.

Actualmente, Algaba está inmerso en la preparación de una exposición que recoge la evolución del vestido de torear desde mediados del siglo XIX y que se exhibirá en Francia y España.

Trajes de luces hechos por artesanos en extinción

Justo Algaba
Taller de Justo Algaba en Las Rozas, Madrid.

Cordoneros, lentejueleros, bordadores, taleguilleros, camiseros o zapateros integran la plantilla de esta empresa, todos ellos oficios en peligro de extinción.

Según explica Algaba, buscar mano de obra artesana es actualmente un problema en España porque “nadie quiere dedicarse a esto”.

Chaquetilla, chaleco y taleguilla son los elementos principales de un traje de luces, que tambien incorpora pedrería de cristal de colores, lentejuelas con baño de oro de 18 quilates, camaraña (hilo de oro), etc.

Los colores y los bordados del traje de luces dependen en parte del torero y en parte del sastre, pero el diseño queda siempre en manos de este último.

Datos básicos

Justo Algaba
Justo Algaba prepara la muestra Vestido de luces. Arte y Cultura, que recoge la evolución de sus diseños.

Trajes de matador
Unos 100 trajes de luces confecciona cada año Justo Algaba, justo la mitad de los que diseñaba hace unos años a raiz del descenso de las corridas de toros en España. No obstante, la compañía también diseña vestidos de novia, ropa femenina, casullas eclesiásticas y complementos con tintes taurinos.

Precio
los vestidos de luces cuestan aproximadamente 3.000 euros, aunque existen modelos más baratos como los trajes cortos, cuyo precio ronda los 1.500 euros.

Plantilla
Un equipo de más de 50 personas componen la plantilla de la compañía, que suele tardar entre 30 y 35 días en confeccionar los trajes dependiendo de la complejidad del diseño.

Peso
Los trajes suelen pesar en torno a los cuatro quilos al incorporar bordados, hilo de oro, lentejuelas y cristal, según explican en esta empresa, que desde 2012 tiene una página web para la venta en internet.

Materiales
Los patrones se cortan en un retor (tela de algodón) que se cubre de raso, seda torzal o punto. Después pasarán a manos de los artesanos (cordoneros, lentejueleros y bordadores) para que realicen los detalles del vestido.

Clientes
Además de a los matadores, Algaba vende a clientes en países como China, Francia, Portugal o Estados Unidos, que no tienen tradición taurina pero valoran la riqueza cultural de esta indumentaria.

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