Editorial

El reto de consolidar el crecimiento

España ha iniciado un camino de recuperación económica que día a día gana en solidez y velocidad. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, conocidos ayer, revelan que el PIB avanzó entre abril y junio un 1% intertrimestral y un 3,1% interanual. Ello supone el mayor incremento desde el último trimestre de 2007. La máquina del crecimiento acumula así ya ocho trimestres en tasas positivas, lo que apunta claramente a un progresivo fortalecimiento de la actividad. Como señaló el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, España comienza a ver ya una salida a la crisis más larga de su historia reciente, con una tasa de crecimiento cercana al 4% en términos anualizados.

Al tiempo, se trata de una mejora sin inflación, lo que supone un esquema novedoso en España, que tradicionalmente ha arrastrado la condición de país inflacionista. Y lo que es más importante, constituye un marco óptimo para impulsar la competitividad de las empresas españolas y alimentar el consumo. Aprovechar todas esas circunstancias favorables para impulsar el crecimiento es el reto que tiene por delante en este momento nuestra economía. Una coyuntura generosa a la que hay que añadir otras circunstancias, como es el caso de un euro competitivo, una política monetaria expansiva y un fuego político –el de Grecia– que se halla ya, si no sofocado, sí al menos controlado. A la vista del comportamiento de las empresas y los consumidores, ninguno de los cuales está retrasando ni sus decisiones de inversión ni sus compras, el riesgo de deflación que planeó durante un tiempo sobre la zona euro parece hoy disipado. En otras palabras: España disfruta de unas perspectivas óptimas para apurar la velocidad de su recuperación.

Los mimbres que sostienen el crecimiento económico en este momento son dos: la demanda de exportaciones y el intenso consumo privado, no replicado plenamente aún en la inversión. Ambos factores han posibilitado que el cambio de ciclo comience a notarse también en el mercado de trabajo. El Gobierno maneja previsiones que cifran en medio millón de puestos el potencial de creación de empleo de la economía española al año. Si ese cálculo se cumpliese, en tres años España podría alcanzar la cifra de 20 millones de ocupados y volver así a la situación anterior a la crisis.

Para que esas previsiones puedan cumplirse es necesario mantener las grandes directrices de lo que ha sido hasta el momento la política económica española. Mariano Rajoy explicará hoy las líneas generales del Presupuesto de 2016 que aprobará el Consejo. Un esquema en el que debe primar el control del gasto público de cara a cumplir con los objetivos de consolidación fiscal impuestos por Bruselas, pero en el que también tiene que haber margen para el estímulo a la inversión empresarial, la mejora de la renta disponible en las familias y el consumo privado. El reto no es solo crecer, sino consolidar y sostener el crecimiento.

Normas