Editorial

Viento a favor en el comercio minorista

Los buenos datos que está registrando el sector minorista constituyen uno de los más claros indicadores de la recuperación del consumo interno en España. Las ventas del comercio al por menor crecieron en junio un 3,8% respecto al mismo mes del año anterior –si se eliminan los efectos del calendario, el avance es del 2,3%– con lo que encadenan ya 11 meses de incrementos. También el empleo en este segmento aumentó, aunque a menor ritmo, respecto al mismo período de 2014. Una mejora que resulta especialmente intensa en las grandes cadenas y en las superficies comerciales, pero que se está haciendo notar en todos los segmentos, incluidas las pequeñas cadenas y comercios. Por distribución geográfica, los mayores repuntes se registraron en Baleares, Valencia y Canarias. Se trata de datos que consolidan una tendencia al alza que comenzó ya durante el tramo final del año pasado y que demuestran que la demanda interna está funcionando en España como un motor de salida de la crisis.

La buena evolución que dibujan estos registros se aprecia con mayor nitidez cuando se analiza el contraste con el comportamiento del sector durante el duro invierno de la crisis y la sequía que ello impuso al consumo en España. Se trata de una mejora que se asienta en el cambio de expectativas de los hogares españoles y en el progresivo regreso de la confianza, alimentados por la recuperación de la actividad económica, el aumento de la renta disponible, la reactivación del mercado de trabajo, la reapertura del crédito y la rebaja de los precios. A todo ello hay que sumar el efecto de medidas normativas dirigidas a flexibilizar la actividad comercial y a animar el consumo, como es el caso de la liberalización de los horarios comerciales.

El crecimiento sostenido de las ventas del comercio minorista constituye un síntoma elocuente de que el consumo en España vuelve a ejercer su papel natural de dinamizador de la economía. El sector del comercio tiene por delante el reto de mantener e incrementar su velocidad de crucero y de trasladar la mejora de la actividad con mayor contundencia al mercado laboral. Se trata de un proceso que irá parejo a la recuperación de los hábitos de compra de las familias, que han sido inevitablemente afectados por las exigencias de austeridad impuestas por la crisis. El reto para las empresas del sector pasa facilitar ese fortalecimiento de la demanda con una política realista en materia de precios y un hábil manejo de las ofertas comerciales. Pero ese esfuerzo, que está dando buenos frutos, debe ser respaldado por una política regulatoria pensada para flexibilizar la actividad y estimular un consumo que resulta absolutamente fundamental para la recuperación económica.

 

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