Toblerone, más de un siglo de historia.

La chocolatina suiza nacida del turrón italiano

Tableta de Toblerone.
Tableta de Toblerone.

En los duty-free de los aeropuertos son habituales las barras gigantes de Toblerone, que muchos viajeros compran como regalos de última hora para familiares y amigos. Unas tabletas de chocolate con leche, almendras y miel que tienen ya más de un siglo de historia.

La historia de estas chocolatinas de onzas triangulares comenzó en Suiza en 1867. Por entonces, Jean Tobler (1830-1905) trabajaba en la pastelería Kuentz, en Berna. Cuando su propietario enfermó, Jean heredó el local, pero, unos meses más tarde, decidió abrir una nueva tienda en el distrito Länggasse de la ciudad, la Confiserie Spéciale, donde se dedicó a la fabricación de chocolatinas usando productos de otras empresas. El éxito fue tal que, dos décadas después, fundó, en compañía de sus hijos, la Fabrique de Chocolat Berne, Tobler & Cie.

Sus hijos Theodor, Emil y Martha le sustituyeron al frente de la empresa 12 meses después, aunque fue Theodor, con tan solo 24 años, el que tomó la batuta y, junto a su primo Emil Baumann, inventó, en 1908, la barrita de Toblerone. En un viaje a Alsacia, Baumann había descubierto el turrón italiano y, a su regreso, propuso a Tobler mezclarlo con el chocolate con leche. Es este ingrediente el que da nombre al producto, al conjugar el apellido Tobler con el término italiano torrone (turrón y miel). Tanto el producto como su packaging fue registrado ese mismo año en el Instituto Federal de la Propiedad Intelectual de Berna y se convirtió en la primera chocolatina con leche, miel y almendras en ser patentada.

El chocolate más grande del mundo

La marca batió en 1982 el récord Guinness al convertirse en la chocolatina más grande del mundo con Toblerone Jumbo, una barra de 4,5 kilos de peso y 80 centímetros de largo.

Hay varias teorías que explican la forma de sus onzas. Hasta ahora se creía que estaba inspirada en la silueta de la montaña Matterhorn, ubicada entre Suiza e Italia. Sin embargo, uno de los nietos de Theodor, el historiador Andreas Tobler, afirmó en el 100 aniversario de la empresa que su abuelo pertenecía a la orden masónica francesa y la chocolatina partía de uno de sus símbolos, la llama. Hay un tercer rumor que afirma que Tobler habría visto una pirámide humana en un espectáculo en el cabaret Folies-Bergère de París y habría querido representarla en su creación.

Aunque la forma no ha cambiado durante todas estas décadas, sí lo han hecho los símbolos presentes en su embalaje. Al principio, aparecía dibujada un águila, que fue sustituida en 1920 por el animal heráldico de Berna, un oso. Sin embargo, el ave regresó al envoltorio una década después, acompañada, en esta ocasión, de una bandera que portaba la T de Tobler. En esta época, la empresa no tenía derecho a usar los símbolos nacionales de Suiza para dar publicidad a la marca. Es a partir de 1970 cuando entra en la imagen el Matterhorn o el monte Cervino, presente impreso hoy en día. Al observar detenidamente la silueta de la montaña se puede ver que la marca recuperó la figura del oso, en forma de los restos de nieve depositados sobre el Cervino.

La historia de Toblerone sufrió altibajos a partir de la década de los treinta. El crac de la Bolsa de Nueva York en 1929, la crisis económica mundial y el colapso de las exportaciones generaron problemas financieros en la empresa suiza que, tras pasar por varios propietarios, se unió en 1970 a la chocolatera suiza Suchard.

Sin embargo, las fusiones no acabaron ahí y, 12 años después, Klaus Johann Jacobs, propietario de la cafetera alemana Jacobs, adquirió la mayor parte del capital y lo integró en su grupo, dando lugar a Jacobs Suchard. Esta empresa es adquirida en 1990 por Tabak Multi Philip Morris, que la integró en la productora de alimentos Kraft Foods, compañía que, en 2013, se convirtió en Mondelez International.

Toblerone nació como la mezcla de chocolate con leche con turrón y miel, pero, en 1969, sacó al mercado la variedad de chocolate negro bajo un envoltorio verde y, cuatro años después, la versión con chocolate blanco, con un embalaje de este color.

La empresa ha mantenido esta oferta durante 34 años, pero, en 2007, elaboró una nueva receta con uvas: Toblerone Fruit & Nut. Dos años después se le unió Toblerone Honey and Crisp, que añade a la chocolatina arroz inflado, y en 2012, Toblerone Crunchy Almonds, que mezcla almendras saladas y caramelizadas. El último lanzamiento fue hace menos de un año, en septiembre de 2014, con Toblerone Crushed Corn, que aporta a la clásica receta de maíz ligeramente salado.

Aunque el formato de barra individual, de 35, 50, 100, 200 o 400 gramos, es el más conocido por los consumidores de todo el mundo, Toblerone ha ido lanzando distintos formatos para captar nuevos públicos: tableta de chocolate, miniaturas de 12,5 o 6 gramos y bolsas que reúnen onzas de los distintos sabores. Distintas opciones para disfrutar del tradicional chocolate suizo de calidad con ingredientes que le dan personalidad.

40.000 toneladas de Toblerone al año en el mundo

La empresa suiza, cuya planta de producción se encuentra en Berna desde su fundación, se ha afianzado en 120 países de todo el mundo, con ventas de más de 40.000 toneladas de chocolate. Además, solo en España, la cifra anual llega a las 1.000 toneladas desde 2005.

De los tres segmentos del mercado en que Toblerone está presente, el de las tabletas es el que acapara un mayor volumen de ventas (un 58% del total), seguido del de los countlines o chocalitinas de pequeño formato (21%) y el praliné (chocolate relleno).

Por otra parte, la barra de 400 gramos es el producto de la marca más consumido en España y el más vendido en las tiendas libres de impuestos de los aeropuertos. De hecho, Toblerone forma parte de la historia de estos establecimientos, ya que estuvo incluido en el inventario de la primera duty-free, abierta en Irlanda en 1947.

En cuanto a su público objetivo, la empresa explica que son, sobre todo, mujeres mayores de 30 años, dinámicas y de clase media y media-alta. Además, la compañía explica que Toblerone es un “producto de impulso”, es decir, que se compra por placer, con frecuencia y de forma no premeditada.

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