Niños de 11 o 12 años ya tienen representante

Llegar a la cima del fútbol y no morir de éxito

Familia y asesores forman un entorno clave para que el deportista tome decisiones acertadas.

Fernando Torres, delantero del Atlético de Madrid, celebra un gol la pasada temporada
Fernando Torres, delantero del Atlético de Madrid, celebra un gol la pasada temporada

La carrera profesional de un futbolista es corta. En el mejor de los casos, un profesional puede llegar a jugar en el máximo nivel durante 15 años, período que debe aprovechar para cuando las piernas y los pulmones comiencen a dejar de responder. Esto, además de la salud que tenga el deportista, dependerá de gestionar la carrera y su patrimonio de una manera racional, tanto en su punto más álgido como en sus inicios, donde el dinero y la fama empiezan a ser parte de su profesión.

Hoy en día es casi imposible que un chico de 16 años no tenga agente.

El tramo entre los 15 y los 18 años resulta decisivo. “Siempre hay que estar alerta, pero esa edad es especialmente sensible”, afirma Antonio Sanz, portavoz de la empresa de representación Bahía Internacional. Entre otros, gestiona la carrera de Fernando Torres, que con 17 años ya era la estrella del Atlético de Madrid. “A partir de los 15, sí necesitan cierto tutelaje, porque se empieza a ver si tienen capacidad para llegar al primer nivel. Pero depende de ellos no descarrilar”, explica, aunque es cada vez más usual que las jóvenes promesas tengan representante desde antes. “Vas a un partido de chicos de 11 o 12 años y hay ocho empresas viéndolos”, relata Unai Vergara, responsable de fútbol nacional en Promoesport y exfutbolista internacional: “En mi época era casi imposible que un chico de 16 años tuviera agente. Ahora es imposible que no lo tenga”.

Ese tutelaje puede proceder, de forma general, de especialistas o, en su defecto, de familiares. Antonio Sanz opina que todo depende de la confianza:“Algunos jugadores consideran que la familia le aporta más. Pero al final, los familiares también tendrán que apoyarse en terceros”. El papel de los padres es decisivo, sean o no los representantes, ya que hasta que el joven cumple 18 años gestionan el patrimonio que empieza a acumular. “Para nosotros es obligatorio ir de su mano, tanto en esa edad como después. Los hay con más prisa y otros más cautelosos. Por lo general, suelen ser cautos”, afirma Sanz. Para Unai Vergara, “lo importante en estos años es que la carrera deportiva evolucione. Que los contratos no sean una hipoteca y no tener prisa por ganar dinero”. Entre las labores de los asesores, prosigue Vergara, está la de convencer, tanto al futbolista como a su entorno, de que “si solo piensas en ganar dinero, te vas a equivocar”.

Con 23 años el futbolista profesional ya es dueño de su carrera.

El siguiente tramo crítico abarca de los 18 a los 23 años. Como dice Antonio Sanz, “es cuando empieza a entrar el dinero”. Y ahí el futbolista, ya dueño de su carrera, es cuando necesitará, además de asesoramiento contractual, asistencia legal, fiscal, financiera, o gestionar su imagen. Respecto a los contratos, el salario no siempre es el factor decisivo:“si la oferta es brutal, se acaban las dudas. Pero otras veces, el aspecto deportivo es el que pesa. Nosotros como agencia priorizamos la evolución deportiva. Al final él decide”. explica Sanz. “Somos muy francos con ellos”, dice Vergara. “Les ponemos en antecedentes, con casos similares que no hayan triunfado”. En cuanto al resto de parámetros, las agencias de representación, como Bahía o Promoesport, abarcan ya todos estos aspectos. “Muchos chicos se preocupan por qué hacen con su dinero, y para eso está el departamento financiero”, describe el portavoz de Bahía, que insiste:“la decisión final siempre es del deportista”.

Por lo general, explica Vergara, los jugadores son receptivos. “Un porcentaje bastante alto de nuestros jugadores decide poner todo en nuestras manos. Queda más tranquilo y solo tiene que dedicarse a jugar”. Además, como reconoce Vergara, casos como los de Messi, imputado por fraude fiscal, o el caso Neymar, han hecho que el futbolista se preocupe más por estar bien asesorado.

La efímera fortuna del jugador NBA

Allen Iverson, exjugador de la NBA
Allen Iverson, exjugador de la NBA

El deporte estadounidense es considerado como el paradigma del profesionalismo. Grandes contratos, fama mundial y los torneos más competitivos, ya sean de baloncesto o béisbol. Pero ese frenético tren de vida puede acabar convirtiéndose en el peor enemigo para el deportista.

Un exhaustivo estudio de la revista Sports Illustrated indicaba que el 60% de los jugadores de la NBA acababan arruinados a los cinco años de su retirada. Y hay casos que no se corresponden, precisamente, con jugadores de tercer nivel. Grandes estrellas como Scottie Pippen, el histórico socio de Michael Jordan en los Chicago Bulls, o Antoine Walker y Allen Iverson, que fueron referentes en sus equipos, los Boston Celtics y los Philadelphia 76ers, durante una década, se declararon arruinados.

Entornos poco aconsejables, escaso interés por gestionar el patrimonio o, simplemente, no querer bajarse del tren de vida al que se acostumbraron durante los años de esplendor, son algunos de los motivos que explican esta circunstancia.

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