Editorial

Otra financiación para las regiones

El sistema de Cuentas Públicas Territorializadas, conocido coloquialmente como balanzas fiscales, correspondientes a 2012 revela lo que toda la gente avisada sospechaba: que las comunidades ricas financian buena parte de lo que reciben las más pobres, y que, por tanto, tienen un abultado déficit fiscal en su relación con el resto del territorio. Madrid, Cataluña, Valencia y Baleares, (y la primera de ellas por un valor muy superior al de las otras tres juntas) reciben mucho menos del Estado de lo que aportan, mientras que Andalucía, Galicia, Canarias o Castilla y León encabezan la lista de las perceptoras netas de recursos. Gráficamente, los madrileños aportan 2.900 euros cada uno por encima de lo que reciben para satisfacer las necesidades de sus compatriotas con menos renta, en este caso los andaluces. Estas cifras, que seguramente no suscitarán el consenso de todo el mundo pero que se aproximan bastante a la realidad, revelan la necesidad de reajustar los mecanismos de financiación autonómica para equilibrar los saldos, respetando el necesario ejercicio de solidaridad entre regiones que recoge la Constitución. Se trata ya de un debate de carácter político si las dosis de solidaridad deben llegar más lejos o se han extralimitado.

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