Ramón Sariego, director general de Electrolux Iberia

"Nunca hay que decirle a alguien que tiene una mala idea"

Se mudaron en febrero en busca de una oficina en la que poder trabajar todos juntos

Nació en Bélgica, pero se siente asturiano

"Nunca hay que decirle a alguien que tiene una mala idea"

Nació en Bélgica, estudió en Inglaterra y ha trabajado en Francia, Bélgica y Suiza, pero se siente asturiano. En concreto, del pueblo de Villaviciosa. Ramón Sariego, nacido en Bruselas en 1973, es el director general para España y Portugal de Electrolux desde 2012. “Mi familia es asturiana y aunque tengo nacionalidad belga, allí siempre me he sentido extranjero”, explica en un perfecto castellano marcado por el curioso acento propio de quien se ha criado escuchando varios idiomas.

Precisamente, esa es una de las razones por las que en el momento de elegir una carrera, decidió quedarse en Bruselas. “Me interesé por la Universidad de Oviedo, pero vi que había una carencia absoluta en el tema de los idiomas”, explica. Estudió Economía en la Universidad de Lovaina, que completó con un máster en el Instituto de Empresa.

Un reloj de arena para la impuntualidad

Si hay algo que Sariego no soporta es la impuntualidad. Cuando llegó a la empresa, muchas veces, antes de una reunión importante, le decían tres minutos y estoy listo. “¿Tres minutos? Pues empiezan ya”. Y el director da la vuelta a un reloj de arena. “Me lo traje cuando llegué a Madrid, pero ya todo el mundo sabe el tiempo que marca y por eso casi no lo utilizo”, explica. El despacho no está excesivamente decorado, Sariego alega que al llevar poco tiempo en las nuevas oficinas no ha tenido aún tiempo para ocuparse de estos detalles. En una de las paredes resaltan los recortes de varias revistas belgas, en las que Sariego aparece en la portada. “Son todas de cocina, que es una de mis mayores aficiones, pero no porque cocine bien, sino porque soy un hombre y en el momento en el que las publicaron era algo que llamaba la atención”, explica.
Su día a día está alejado de la monotonía. Se mueve entre diferentes reuniones o viajes. “Lo que hago siempre al llegar es mirar la entrada de pedidos para ver cómo han ido las ventas el día anterior”. Reconoce que, desde que es director general, tiene menos tiempo para él, pero intenta conciliar. “Además de la cocina me gusta nadar”. Y estar con su familia, está casado y tiene un hijo. Como director general de una empresa que fabrica electrodomésticos y también como amante de la cocina, tiene claro qué producto recomienda: “El horno de vapor, es fácil de usar y da buenos resultados en la elaboración de platos”. En su casa, la mayoría de los electrodomésticos son de la marca AEG, perteneciente al grupo en el que trabaja.

Llegó a la multinacional sueca en 2003, tras haber desempeñado varios puestos como financiero en Caterpillar y en el sector bancario. En Electrolux fue moviéndose de un lado a otro, incluso llegó a formar parte del departamento de marketing. “¿Qué va a hacer un financiero ahí? Eso me preguntaron cuando dije que quería probar suerte. Lo bueno de las empresas suecas es que si haces bien tu trabajo, te dan libertad para moverte dentro de la casa. Yo no tenía ni idea de marketing, pero quería aprender. Lo que no me gusta es estar haciendo siempre lo mismo”, explica.

Por eso define su liderazgo como abierto a ideas y cambios. “Lo que no acepto es no cambiar. El mundo cambia, las ideas cambian, los productos cambian y los consumidores cambian. Si no cambiamos nosotros, nos quedamos atrás”, comenta. Para llevar a cabo su labor y no cometer fallos, Sariego recuerda su época como director financiero. “A mí no me gustaba tener un director general que me dijese qué tenía que hacer cuando yo era director de finanzas. Por eso doy libertad. Cada persona sabe perfectamente cuál es su función. Y la mía es la de escuchar y encajar las piezas”. Precisamente, para favorecer la comunicación, la filial española decidió mudarse recientemente y cambiar de sede. “Antes estábamos en un edificio con cuatro plantas, la gente estaba separada y alejada. Vinimos aquí hace cinco meses y trabajamos todos en el mismo espacio”, comenta.

Un espacio, sin un solo escalón, acoge a los cerca de cien trabajadores que la firma tiene en Madrid. A la sección de Electrolux Iberia se le suman 30 empleados más en Portugal. “No conozco a todos por su nombre y apellidos, pero casi”, explica Sariego, al que no le gusta que el resto le vea como jefe. “De vez en cuando, desayuno con el resto de empleados y ahí charlamos sobre el trabajo y los nuevos proyectos. Y muchas veces, vienen más tarde a mostrarme sus opiniones. Algunas más acertadas que otras, pero ninguna disparatada. Nunca le diría a alguien que tiene una mala idea. No las hay, lo que hay son momentos más o menos ideales para llevarlas a cabo”, explica.

La oficina es lo más diáfana posible y se divide en diferentes espacios que albergan a cada una de las áreas. Hay pocas paredes, y gran parte de ellas son de cristal. Y si se necesita un momento de privacidad o de silencio, la sede cuenta con pequeñas estancias y con cabinas individuales para poder hablar por teléfono o reunirse. El despacho de Sariego, acostumbra a tenerlo con la puerta abierta, también puede utilizarse como sala de reuniones. “Siempre les digo que no tengan reparo en utilizarlo. Si necesitas un espacio, una mesa y un lugar tranquilo, aquí puedes estar. Los directores que cierran su puerta son los últimos en enterarse de las cosas que suceden”.

Una pared de cristal conecta el despacho de Sariego con una de las salas en las que trabajan los empleados. Otra, con dos grandes cristaleras con vistas al verde jardín, le permite desconectar del ajetreo del día a día. El último tabique lo ocupan dos grandes pizarras, en las que el director general apunta los datos, porcentajes y ventas que la compañía realiza cada día. Lleva un control férreo de todo lo que acontece en ella.

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