Aumenta la hostilidad hacia el país heleno

El referéndum del 5J envenena la convivencia en el euro

Partidarios del 'no' celebran el resultado del referéndum
Partidarios del 'no' celebran el resultado del referéndum REUTERS

Las reuniones de emergencia se sucederán hoy, tanto en Bruselas como en Fráncfort y París, para evaluar las consecuencias del referéndum celebrado ayer en Grecia. Esta misma noche se reunirán en el Elíseo el presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel. Mañana, la Comisión Europea dará en Estrasburgo su veredicto político. Y es probable que esta misma semana los líderes de la zona euro celebren la enésima cumbre de emergencia desde que empezó la crisis de deuda en 2010 para enviar un mensaje de tranquilidad.

Esa apretada agenda parece indicar que la zona euro se encuentra ante un tropiezo más, similar a los muchos que ha superado en 16 años de historia. Pero las instituciones europeas temen que el 5J haya envenenado las relaciones dentro del club hasta el punto de hacer muy difícil la convivencia. En la historia reciente de la UE nunca se había llegado en una negociación al extremo de plantear la ruptura definitiva ni a amenazas mutuas sobre posibles hecatombes.

Se tardará años en recuperar la confianza y Grecia parece condenada a quedar relegada por tiempo indefinido. “Somos miembros de la Unión, no unos invitados”, protestaba el primer ministro griego, Alexis Tsipras, poco antes de convocar repentinamente un referéndum sobre el ultimátum lanzado por la troika (CE, BCE y FMI).

Tras el resultado de ayer, Bruselas sigue dispuesta a mantener a Grecia en el seno de la UE y de la zona euro. Pero el país de Alexis Tsipras se ha convertido en un compañero demasiado incómodo para el resto del club y numerosas capitales europeas solo tolerarán su presencia como un socio de segunda categoría.

Grecia se encuentra ya a merced del Banco Central Europeo, que puede cortar amarras tan pronto como reciba la señal política de los principales socios del euro, en particular de París y Berlín. Solo Francia puede evitar que el BCE aísle a Grecia y obligue al Gobierno griego a emitir papel de pago denominado en euros, pero sin valor de curso legal en el resto de la Unión. En la práctica, esa decisión supondría la salida temporal de Grecia del euro (el famoso Grexit) aunque nominalmente siguiera dentro.

La aplastante victoria del no hace más difícil ese castigo, pero no imposible, porque Atenas cuenta con muy pocos aliados. Ese ha sido uno de los mayores errores de cálculo cometidos durante la negociación por Atenas. Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, pensaban enfrentarse solo a una anónima troika, a la que, en efecto, han derrotado. Pero detrás de los tecnócratas había un grupo creciente de países de los que Alemania solo era el más visible.

La hostilidad hacia Grecia se ha generalizado en los últimos meses y es compartida por Gobiernos septentrionales y meridionales, con triple A o rescatados, conservadores o socialistas. En muchos países, los pensionistas cobran menos que en Grecia, los recortes en sanidad y educación también han sido drásticos y las tasas de paro galopan. El voto de ayer refuerza mucho a Tsipras, pero no está claro que le sirva para doblegar a unos socios cada vez más hartos.

 

El peor escenario para Bruselas

El referéndum de ayer ha deparado el escenario más temido por las instituciones europeas, que las deja en una incómoda posición.

El electorado griego ha ignorado la campaña de la Comisión Europea a favor del sí y las amenazas sobre las consecuencias del no.

El organismo presidido por Jean-Claude Juncker ha perdido más la confianza de Alemania, que acusa a Bruselas del desaguisado de las últimas semanas.

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