Mi currículum: Miquel Roca

El abogado al que no dejaron ser profesor

Abogado, profesor con una fugaz vocación de químico, diputado en las Cortes, concejal del Ayuntamiento de Barcelona y redactor de la Constitución y del estatuto de Cataluña de 1979. Entre otras cosas.

El abogado catalán Miquel Roca
El abogado catalán Miquel Roca

Miquel Roca (Burdeos, 1940) es parte de la historia democrática de España. Él fue uno de los ocho ponentes de la Constitución de 1978, y también participó en la creación del estatuto de Cataluña de 1979. Abogado con vocación docente, dedicó la mayor parte de su carrera profesional a la política, primero contra el franquismo, y después desde el Congreso de los Diputados. Una vertiente que, afirma, le viene de familia:“Yo siempre digo que nací bajo las bombas de Hitler. El día que yo nací era el aniversario del Führer, y para celebrarlo bombardearon desde el mar el puerto de Burdeos. Nos pusieron a todos en los sótanos, mi padre con mis seis hermanos, mientras yo nacía. Cuando naces bajo las bombas de Hitler ya tienes toda la épica del mundo incorporada”, reconoce. Habla con orgullo de su paso por la política, donde “he podido hacer cosas que han quedado, que me han enriquecido y me han dado un contacto único de la sociedad”.

Ahora, sigue al frente del despacho de abogados, que fundó hace casi 20 años, e imparte conferencias a ejecutivos. Tras una de ellas, organizada por Deusto Business School en Madrid, repasa con Cinco Días el pasado, presente y futuro de su trayectoria vital y profesional.

...Pasado

En su más temprana adolescencia, Miquel Roca tenía sus sueños lejos del derecho y de la política. “Tenía la ocurrencia de decir que quería ser químico orgánico. Era un desvío absurdo”, ya que, como relata, “en mi casa éramos de letras. Mis padres eran gente muy cultivada y con un sentido muy desarrollado del respeto, del valor del derecho y de la convivencia”. Esto influyó a la hora de encarrilar su trayectoria hacia el derecho, aunque en un primer momento, enfocado a la enseñanza: “Era mi vocación inicial”, confiesa. Y ejerció, después de licenciarse en Derecho en 1961, impartiendo clases de Derecho Administrativo en la Universidad de Barcelona.

Si me preguntas qué me gustaría ser, te contestaría que profesor universitario”

Pero su actividad política, contraria al régimen franquista, provocó su expulsión:“La vida en el régimen para los que estábamos politizados y queríamos cambiarlo era difícil, pero la clandestinidad, el riesgo… eran apasionantes”. En 1974, Roca participaría en la fundación de Convergencia Democrática de Cataluña, para después ser uno de los redactores de la Constitución de 1978: “Hay muchas cosas que cuando las lees dices, ‘esto es mío, esto lo hice un sábado por la noche, o un lunes por la mañana’”. Recuerda con especial cariño el día de la votación del texto en el Congreso, más que el del propio referéndum:“Son cosas que uno no olvida. Fue un día muy emocionante”. Los años sucesivos continuaría su carrera política. En 1995 perdió las elecciones a la alcaldía de Barcelona. Un año después, decidió que aquella sería su última legislatura. La abogacía volvía a llamar a su puerta.

El abogado al que no dejaron ser profesor

Presente

A sus 75 años, Roca encabeza el despacho de abogados Roca Junyent, donde ejerce en procesos de gran relevancia pública como el caso Noòs, encargándose de la defensa de la Infanta Cristina. En la actualidad, el bufete supera los 300 profesionales, algo que Roca no imaginaba al fundarlo en 1996. “Siempre había dicho que de 50 abogados no pasaría, porque es un follón”, reconoce. En la actualidad, tiene sedes en Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Lleida, Girona y Shanghai. Pero lo que subraya Miquel Roca es el buen ambiente que han logrado en la empresa:“Es muy apasionante porque hemos conseguido una cosa muy importante, que es tener muy buen rollo. Un despacho tiene que tener mucha calidad, mucha proactividad, un gran esfuerzo, dedicación e interés, pero también buen rollo”. El abogado colabora con instituciones educativas, como la escuela de negocios de Deusto, con quien ha firmado un acuerdo de colaboración, y con la Universidad Pompeu Fabra, donde es profesor invitado e imparte cuatro clases al año. “Me gusta la docencia, mucho, pero me separé de ella, o me separaron de ella, y ya me he dedicado a la abogacía”.

Tampoco echa de menos una mayor actividad docente, ya que, como afirma, “siempre me he acercado a la formación de una manera o de otra”. Pero reconoce que, si se le pregunta qué le gustaría ser, “te contestaría que me gustaría ser profesor universitario”.

Futuro...

Después de más de más de 50 años de actividad profesional Miquel Roca no se plantea todavía la retirada. Seguirá al frente de su despacho al menos, hasta que el cuerpo aguante. “Mientras yo pueda tener la sensación de que soy útil al despacho, no debo regatear a nadie del despacho mi colaboración”, afirma. Pero es consciente de que la fecha en la que tendrá que dar un paso a un costado se acerca:“Uno tiene que irse antes de que te echen, y creo que está llegando el día que me van a echar mis compañeros de despacho”, bromea. Aún así, no se plantea otro escenario futuro que no sea el de continuar ligado a su profesión, y será el tiempo el que decida, como le ocurrió en su etapa política: “Nunca tomé la decisión de dedicarme a la política, yo era abogado. Dejo la abogacía, y en un momento determinado digo: he ayudado a hacer la Constitución, he hecho el Estatuto de Cataluña, hemos reconstruido el Estado democrático en España, hemos recuperado la Generalitat, y ahora me queda una opción, ver si puedo gobernar mi ciudad. No lo consigo y me voy a casa”.

En todo este tiempo, Roca ha recibido galardones como la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Orden del Mérito Constitucional y el Gran Collar de la Orden del Mérito Civil, pero afirma que los reconocimientos que más ilusión le hacen son los que le conceden los colegas de profesión:“No hay nada que me haga tanta ilusión como el reconocimiento profesional”.

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