Editorial

Cuando la mejor defensa no es un buen ataque

Las empresas españolas son las más generosas de Europa con sus accionistas; la rentabilidad media de las 35 compañías que componen el índice Ibex ha sido del 3,5% en 2014, bastante alejada de la proporcionada por las que conforman los índices de referencia en Francia o Alemania. Lógicamente, al tratarse de una rentabilidad relativa puede estar condicionada por los niveles de cotización de las empresas, que en el caso español pueden estar infravalorados por la prima de riesgo que los inversores de renta variable también han impuesto a los precios de las acciones. Pero dado que el mercado corrige casi antes que los acontecimientos todas las circunstancias de una economía, puede darse por hecho que la infravaloración relativa de las empresas españolas debe considerarse ya marginal.

En 2014 los pagos acumularon el récord de 43.260 millones de euros, cantidad similar a la que el Estado recauda por IVA y prácticamente el doble que lo que todas las empresas, cotizadas o no, pagan por el impuesto sobre beneficios. Esta cantidad, en todo caso, está distorsionada por el abono del dividendo extraordinario de Endesa (14.600 millones), que este año no se repetirá. En todo caso, haciendo abstracción de los pagos de la eléctrica en manos de la italiana Enel, las compañías españolas repartieron entre sus socios 28.600 millones, un 23% más que en el ejercicio anterior, y este año esa cantidad podría ser superada.

Es cierto que la retribución de una docena larga de grandes empresas se hace con un mecanismo de nuevo cuño (scrip dividend) que evita el desembolso de dinero, pero que puede convertirse en efectivo si los accionistas deciden vender en el mercado los nuevos títulos recibidos. Aunque algunas cotizadas están ya de vuelta de esta alambicada fórmula de pago, que no es otra cosa que una continuada dilución del valor, otras lo mantienen o lo combinan con el desembolso en efectivo, como es el caso de Telefónica, aún en la remuneración con cargo a 2015.

Las cantidades pagadas con cargo a 2014 serán seguramente superadas por la tendencia de consolidación que muestran los beneficios de las empresas, ya casi todas saneadas tras el monumental endeudamiento experimentado en los primeros años del siglo, y que ha pasado una pesada factura durante los años de la crisis. Por ello sigue siendo una de las opciones de inversión más atractivas para todos los perfiles de riesgo, pero más aún para aquellos que aprecian la seguridad, puesto que la volatilidad no ha sido del todo desterrada del mercado pese a haberse superado lo más duro de la crisis. El dividendo es, a fin de cuentas, la mejor defensa de los inversores cuando la opción del riesgo no compensa el esfuerzo, cuando la mejor defensa no es un buen ataque.

Además, el nuevo paradigma del mercado financiero –los tipos de interés en el cero para una larguísima temporada– condiciona la inversión y el comportamiento de la gente. Ya en los meses transcurridos de este año se ha generado un importante trasvase de recursos financieros de los sectores más tradicionales desde los depósitos a los fondos de inversión, ya sean estos de renta fija, variable o garantizada. Una rentabilidad plana que solo puede ser temporalmente compensada por una inflación negativa no es botín ni para las familias siempre atadas a los depósitos bancarios. Precisan correr algún riesgo papa tratar de rentabilizar su ahorro, y la Bolsa sigue siendo la mejor opción y, dentro de ella, las compañías que permiten cortar un cupón que incluso supera la rentabilidad que proporciona un bono a diez años del propio Tesoro español.

En todo caso, no todos los dividendos son iguales, ni son iguales ante Hacienda hoy a como lo eran hace un año, pues la fiscalidad actual es menos favorable que antes de la reforma fiscal que está en vigor desde enero. Pero si se opta por invertir en función de los dividendos, debe considerarse su sostenibilidad futura, cuya circunstancia puede comprobarse si la empresa que los abona tiene un historial dilatado de pagos a sus socios. Conviene para ello elegir líderes de mercado con ingresos y beneficios recurrentes, que se desenvuelvan en un sector con serias barreras de entrada, endeudamiento limitado y cuyas operaciones de ampliación del balance se costeen equilibradamente entre recursos ajenos y propios.

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