Tribuna

La brecha tecnológica de la pequeña empresa

La página web, los sistemas de gestión empresarial, el uso de herramientas en movilidad son instrumentos que ayudan al desarrollo del negocio de las compañías, tanto en la optimización de sus recursos como en la percepción y visibilidad que tienen sus clientes, actuales y potenciales. La mayoría de las grandes empresas cuentan con estas herramientas, integradas en una gran infraestructura tecnológica destinada a mejorar la productividad y a ofrecer facilidades para los empleados. Sin embargo, las pymes no se encuentran en la misma posición.

La brecha digital en este sector continúa existiendo. Si bien ha habido una evolución en el uso de equipamientos básicos, como los ordenadores, el móvil y la conexión a internet; la aplicación de herramientas avanzadas no se ha extendido de forma generalizada. Un claro ejemplo es que, según un análisis sectorial de Fundetec, un 71% de las pymes, incluidas aquellas con altos niveles de movilidad por necesidades comerciales, no ofrecen a sus empleados acceso remoto a recursos empresariales, como el correo electrónico.

De hecho, las tecnologías en la nube no tienen prácticamente penetración en las pymes: menos de un 20% las implantan. Las empresas siguen desconociendo su uso práctico y se echan para atrás en el momento de almacenar sus datos corporativos en servidores que no controlan.

Los últimos años han cambiado significativamente las prioridades de negocio de las pymes. En la búsqueda por reducir costes de propiedad e intentar regular el margen de crecimiento, han caído significativamente las inversiones en TIC. A esto se ha sumado una falta de formación cualificada para usar de forma eficiente las distintas herramientas tecnológicas. Formación también actualizada y adaptada a las necesidades del mercado y de la propia empresa. Estos dos aspectos, la reducción de costes y la falta de formación, han acentuado la brecha digital situando a las pequeñas empresas en un punto de estancamiento tecnológico.

También hay que tener en cuenta que, en muchos casos, las pymes se han encontrado con un obstáculo básico para impulsar su infraestructura tecnológica: una baja rentabilidad de las inversiones a corto plazo. Efectivamente, los costes de mantenimiento y formación o la obsolescencia de los equipos han contribuido a aplazar la decisión de invertir y dar el paso hacia la evolución digital.

Ante esta situación, una alternativa eficiente y cómoda para las pymes consiste en apoyarse en la figura del asesor tecnológico. Se trata de delegar y confiar la gestión de la infraestructura a un tercero, lo que permite a la compañía dedicar sus recursos y tiempo a las tareas que realmente aportan valor para el negocio. Con este modelo, las pequeñas empresas se dejan guiar por un experto para poder impulsar su desarrollo y tener un mayor control sobre sus herramientas tecnológicas.

Las pymes deben tener claro que externalizar la gestión de sus infraestructuras no implica ceder el control. Al contrario, pueden disponer en todo momento de los aspectos clave para la gestión diaria de su negocio, por ejemplo, las contraseñas para instalar un programa. Además, un experto puede contribuir a la formación de los empleados, orientándoles sobre el uso de las herramientas para optimizar su trabajo diario.

Apostando por este modelo de implantación TIC, las pymes también cuentan con mayor flexibilidad. Un buen experto externo no solo da soluciones, también ofrece las más adecuadas a sus necesidades. El conocimiento del mercado en el que opera la empresa es vital para desplegar una infraestructura tecnológica. No todas las opciones valen, ya que según el sector se opta por unas herramientas u otras, como el almacenamiento en la nube o las aplicaciones para la movilidad.

Las pymes, aunque en menor medida, tienen necesidades tecnológicas como las grandes empresas. Hoy en día, no contar con una red tecnológica eficiente no solo perjudica a la productividad del propio negocio, sino a la relación con los clientes. El despliegue tecnológico es un paso más en el crecimiento e impulso para lograr la competitividad de las pymes. Por eso, es necesaria la concienciación sobre la mejora que supone contar con una infraestructura TIC adecuada. Pero, sobre todo, hay que aprender a delegar aquellas necesidades diarias que no aportan ningún valor estratégico al negocio y que separan a las pymes de la entrada en el mundo digital.

Luis Menéndez García es director de Infraestructuras, Sistemas y Servicios de Seresco

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