Editorial

Vientos de cambio en la FEMP

Las aguas del tsunami provocado por las pasadas elecciones locales y autonómicas están empezando a retirarse y a ofrecer un panorama muy distinto al que había antes del 24M. Nuevos partidos pisando moquetas, nuevas caras en los ayuntamientos, nuevos nombres en las comunidades autónomas, nuevos discursos, nuevos compromisos y nuevos equilibrios de poder. Otro mundo, en definitiva, en el que todas las piezas han de volver a encajarse. Y la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) va a ser uno de las organizaciones en las que se va a manifestar en toda su plenitud y extensión cómo se produce ese complejo ajuste. En las pasadas elecciones se eligieron 67.640 concejales y 8.122 alcaldes. Los resultados dieron 22.750 concejales a PP, 20.818 a PSOE, 3.333 a CiU, 2.388 a ERC, 2.029 a IU y 1.527 a Ciudadanos. A simple vista, todo parecería indicar una cómoda elección de presidente en favor del PP -como el actual- o del PSOE. Pero el reparto del poder en la FEMPtiene notables peculiaridades. En primer lugar, se debe esperar al 7 de julio, día en el que se ha fijado el límite para recibir las actas definitivas de la composición de las alcaldías. Este punto es vital, debido a que los votos para elegir al presidente de la FEMP no los ostenta la lista más votada, sino el alcalde consensuado. Un segundo aspecto a valorar es que no todos los ayuntamientos votan igual. Los estatutos de la Federación establecen nueve categorías diferentes, a las que se asigna un número determinado de papeletas, en relación directa con la población de la localidad y con una horquilla que va de 2 (menos de 2.500 habitantes) a 100 votos (más de un millón de habitantes). Es decir, las grandes ciudades son determinantes para elegir al próximo responsable de la organización, con lo que el poder de formaciones ligadas o cercanas ideológicamente a Podemos que gobiernan estas urbes (Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza o La Coruña) se incrementa notablemente.

Estar al frente de la FEMP no es, ni mucho menos, una cuestión menor. Es más, con el actual reparto del poder municipal adquiere incluso una nueva dimensión. No en vano, esta organización se ha convertido a lo largo de estos últimos años en el principal interlocutor de los ayuntamientos con el Gobierno y con el Ministerio de Hacienda. Un rol que se antoja trascendente en los próximos meses, puesto que una de las principales demandas de los alcaldes -nuevos y viejos- va a ser que el departamento que dirige Cristóbal Montoro abra la mano del gasto, habida cuenta, además, de que los ayuntamientos acabaron el pasado ejercicio con superávit presupuestario, lo que ayudó a compensar los desajustes de las autonomías y de la Seguridad Social en el cómputo global del déficit. En suma, el pleno de la FEMP del próximo 19 de septiembre se presenta apasionante.

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