Editorial

Velocidad de crucero en IAG tras cinco años

Cinco años después de la integración con British Airways en International Airlines Group (IAG), Iberia ha tomado velocidad de crucero. La prueba se vio ayer en Madrid durante la junta de accionistas de IAG, que por primera vez en mucho tiempo transcurrió como un plácido vuelo y sin las duras intervenciones de los sindicatos de los últimos años; es más, con reparto de parabienes entre directivos y, muy concretamente, felicitaciones por la mejora de la compañía española tras remontar seis años de pérdidas y entrar en beneficio operativo en 2014.

Todo indica que a partir de ahora Iberia y el grupo en el que está integrada podrán centrar toda su energía en la mejora del negocio. Una estrategia que va de la mano de nuevas adquisiciones de aeronaves para modernizar la flota por parte tanto de British Airways como de Iberia, así como de la filial Vueling. Esa línea de crecimiento, en la que hay que incluir también operaciones como la compra de la irlandesa Aer Lingus, es la que marca el beneficio operativo del grupo en 2014, en que duplicó prácticamente el del año anterior, con 1.390 millones. IAG, que venía de perder dinero en 2012, prevé ganar más de 2.200 millones este año.

El encaje de las dos grandes compañías parece más completo que nunca tras un lustro, y es deseable que siga su perfeccionamiento. Para ello serán necesarias elevadas dosis de flexibilidad y una afinada política también en el papel que han de jugar los actores secundarios. En este sentido, los acuerdos tras las difíciles negociaciones con el Gobierno irlandés para la compra de Aer Lingus no deben menoscabar el protagonismo las posibilidades de Iberia. Paralelamente, Vueling ha dado muestras de una muy apreciable capacidad para adaptarse a la estacionalidad y variaciones de la demanda. Y eso es verdaderamente necesario en todo el grupo en un momento en el que adaptarse al entorno es el gran reto. Las low cost crecen con fuerza, el sector debe anticiparse al comportamiento del precio de los carburantes y es necesario seguir renovando tanto la flota como la oferta. La amenaza comercial de las aerolíneas del Golfo es ya una realidad que va a endurecer más el mercado, las mayores compañías han emprendido una cruzada contra los costes aeroportuarios para tratar de ser más eficientes y Lufthansa ha abierto el fuego con su nueva política de reservas en detrimento de las centrales de reservas como Amadeus o Sabre. El nuevo lobby de las cinco grandes europeas, por su parte, pone presión a Bruselas en su revisión de la estrategia del transporte aéreo en la UE.

Con este panorama, resulta aún más positivo el renovado compromiso de IAG de anunciar su primer dividendo antes de fin de año. Primero, porque estaba condicionado a que las fundadoras completasen su reestructuración, y segundo por lo que significa de fortaleza empresarial en un mercado cada vez más duro y competitivo.

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