Tribuna

Superávit eléctrico contra pobreza energética

on Gabriel, mi abuelo materno, decía que “los problemas de dinero, se solucionan con dinero”. Seguro que, sin excesiva dificultad, a todos nos vienen a la mente varios ejemplos, personales o comunes, de este tipo de problemas: la cuesta de enero, llenar el depósito del coche, refinanciar una deuda, cumplir el coeficiente de caja...

En El Johnny, el Colegio Mayor San Juan Evangelista, conviví (intensamente) seis años de carrera universitaria, allá por los noventa. De haberlo sabido entonces, probablemente se hubiera definido como proyecto de I+D+i la innovadora gestión del colegio por comunidades de planta, presagio de la nueva gobernanza que en nuestros días cautiva a la sociedad. En El Johnny aprendimos también a amar el jazz, el flamenco, el blues. Decía Duke Ellington que a problem is a chance for you to do your best (un problema es una oportunidad para sacar lo mejor de ti).

El problema de la pobreza energética podría englobarse entre los primeros. El problema de la Pobreza, con mayúsculas, es de los segundos. Es, junto con el agua potable y la salud, uno de los tres grandes retos de la humanidad, en los que todos tenemos la oportunidad, cada día, de sacar lo mejor de nosotros mismos: en nuestra triple condición, como individuo, como profesional y como parte integrante de nuestra sociedad.

El extinto déficit de tarifa, auténtica plaga que ha azotado al sistema eléctrico español durante los últimos 10 años, fue un problema híbrido. Empezó siendo un problema gabreliano para mutar, a comienzos de década, en problema dukeliano. De esos que exigen a quien los encara dar lo mejor de sí, echar el resto. Es lo que le ha ocurrido a Alberto Nadal, actual secretario de Estado de Energía, el Duke Ellington de la big band eléctrica.

Ayer, CincoDías abría con un titular rupturista, de solo dos palabras, a cinco columnas: Superávit eléctrico. Carmen Monforte nos ampliaba la información, apuntando a que dicho superávit se situará en 2015 entre los 800 y los 900 millones de euros. Gracias no solo, pero fundamentalmente, a que conceptos tales como la interrumpibilidad (500 millones), el incentivo al carbón (200 millones) y el sobrecoste extrapeninsular (200 millones), han desaparecido de los peajes eléctricos, han abandonado la tarifa eléctrica, el último, por una revisión parcial de costes. De manera silenciosa, los peajes se van despojando de conceptos e importes que no están directamente relacionados con el suministro.

El bono social, el descuento del que se benefician los consumidores más vulnerables, las familias en situación de pobreza energética, equivale actualmente en nuestro país al 25% en el recibo de la luz. Según datos de la CNMC, se benefician actualmente de él casi dos millones y medio de familias, por un importe que se situaría este año en el entorno de los 200 millones de euros.

Comparando las cifras, un descuento del 100% en el recibo de la luz para estos dos millones y medio de familias en situación de pobreza energética, equivaldría a una cifra próxima a los 800 millones de euros, cifra similar al superávit tarifario estimado para este 2015.

La legislación vigente es clara acerca del destino de los excedentes y hoy en día no cabe siquiera plantear un debate sobre si los superávits de tarifa pudieran cubrir los bonos sociales.

Pero, al menos, deberíamos reflexionar sobre la probada solidaridad de los consumidores eléctricos. Actualmente, estamos destinando unos 900 millones de euros anuales a cubrir los sobrecostes extrapeninsulares, y con ello, a mitigar el impacto que la pobreza energética podría tener si los consumidores de Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla tuvieran que asumir íntegros sus elevados costes de suministro eléctrico. Una solidaridad que equivale a 25 euros anuales por familia.

Lo opuesto a problema es solución. El déficit de tarifa ha sido hasta ahora un problema. A partir de ahora, el superávit eléctrico puede ser parte de la solución a otros problemas. El superávit no es la solución al problema de la pobreza energética, pero sin superávit, no hay solución.

Estuve a punto de titular esta tribuna El Johnny y Don Gabriel. Quisiera dedicarla a la memoria del segundo y a la reapertura del primero.

Andrés Seco es ingeniero de ICAI

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